El resumen y la estructura argumental

Método para la pregunta 1.1 (1 punto): resumir el texto recogiendo sus ideas principales y su estructura argumental.

¿De verdad hace falta un capítulo para enseñarte a resumir? Es la pregunta que te estarás haciendo, y es razonable: resumes desde primaria y esta es la pregunta que menos vale del examen. Pero mira lo que la rodea. Es la única sin opción: en la 1.2 eliges entre la A y la B, en la disertación eliges tesis, en el ejercicio 3 eliges pregunta; aquí no elige nadie y todo el mundo responde sobre el mismo texto. Es la primera respuesta que lee quien te corrige, y con ella se hace una primera idea de si has entendido el texto o no. Y su enunciado esconde una palabra que casi todo el mundo pasa por alto y que es la materia de este capítulo entero: estructura.

Qué pide exactamente la pregunta

Dos cosas, y las pide con toda claridad: las ideas principales y la estructura argumental. No una: las dos. La banda alta es para el resumen que expresa todas las ideas importantes del texto, demuestra que se ha entendido con exactitud y está escrito con corrección; la rúbrica completa, por bandas, está comentada en el capítulo 2 y no se repite aquí.

Y hay una regla de exclusión que conviene decir pronto y sin adornos: un resumen más largo que el texto se califica con cero. No es una rebaja de banda ni una penalización parcial: es que ha dejado de ser un resumen. El límite no es numérico, es lógico, y por eso no negocia.

Tres cosas que no te piden. No te piden tu opinión sobre lo que el texto sostiene. No te piden explicar por qué el autor afirma lo que afirma: eso es la 1.2.B y tiene su capítulo (capítulo 5). Y no te piden presentar al autor ni ponderar la importancia histórica del texto: cada palabra gastada ahí no está resumiendo nada.

La mitad que casi nadie entrega

Resumir las ideas es lo que ya sabes hacer. Localizar lo que el texto afirma y decirlo con menos palabras: eso lo entrega casi todo el mundo, mejor o peor. Lo que casi nadie entrega es la otra mitad del enunciado, la estructura argumental, y ahí es donde esta pregunta reparte sus décimas.

¿Y qué es la estructura argumental? Cómo se sostienen las ideas entre sí: cuál es la tesis y cuáles las razones que la apoyan, qué se afirma contra qué, qué se sigue de qué. Dos textos pueden contener las mismas ideas y argumentar al revés —uno parte de un principio y saca consecuencias; otro llega al principio tras una demolición—, y dos resúmenes que solo dieran las ideas serían idénticos, y los dos incompletos.

En la práctica, la diferencia está en los verbos. El resumen que solo da ideas encadena contenidos: «la Ilustración es la salida de la minoría de edad; la minoría de edad es no servirse del propio entendimiento». El que da además la estructura marca funciones: Kant define la Ilustración, descarta que la causa sea la falta de entendimiento, concluye que la culpa es propia y remata con una orden. Sostener, negar, responder, concluir: esos verbos son la estructura hecha prosa, y quien te corrige los ve a la primera.

La estructura está en la sintaxis

¿Y dónde encuentro yo esa estructura? Más cerca de lo que piensas: casi siempre está en la sintaxis, a la vista. El primer fragmento de Descartes es un único período articulado sobre un «viendo que… mientras que…», y quien repara en esos dos goznes tiene ya media respuesta de la 1.1 (capítulo 9). El de la duda encadena sus tres golpes con «puesto que… y puesto que… y, en fin…» y anuncia el giro con un «pero advertí luego». El primer fragmento de Platón apila sus consecuencias con un «que… que… que» en escala ascendente (capítulo 8). Antes de resumir, subraya los conectores: son el esqueleto del argumento, y los ha dejado ahí el propio autor.

Y cuando la sintaxis no baste, mira los bordes. Algunos fragmentos empiezan con una palabra cuyo referente quedó fuera del recorte: el «de aquí» de Nietzsche, el «eso quiere decir» de Beauvoir, el «ha situado» de Kant (capítulos 10 a 12). La primera frase de tu resumen depende de saber qué había antes, así que al preparar cada texto lee siempre el párrafo anterior aunque no se cite: los capítulos de la Parte III te dicen en cada caso qué contiene.

No todos los textos argumentan igual

No hay plantilla de resumen porque no hay una forma única de fragmento. En el corpus hay demostraciones, diagnósticos, relatos, cadenas de definiciones y objeciones dentro de un diálogo, y el resumen cambia con la forma: una demostración se resume conservando el orden de las razones, porque ese orden es el argumento; un diagnóstico, separando el hecho de la causa que se le atribuye; una objeción, diciendo quién corrige a quién y en qué. Si tu resumen de Platón y tu resumen de Descartes suenan igual, al menos uno de los dos está mal.

Los once fragmentos están analizados uno a uno en la Parte III, bajo el rótulo «Qué dice, paso a paso», y ese análisis es la preparación de esta pregunta: aquí basta el mapa Tabla 3.

Las once formas del corpus: ningún fragmento argumenta igual y ningún resumen debería sonar igual.
Fragmento Su forma Dónde
Platón · la idea de bien una tesis y tres consecuencias en escala capítulo 8
Platón · la ley y la unidad del Estado una objeción dentro de un diálogo capítulo 8
Descartes · el cogito una demostración en un solo período capítulo 9
Descartes · Dios y el alma un diagnóstico capítulo 9
Descartes · la duda una demostración contada como relato capítulo 9
Kant · el sapere aude una cadena de definiciones que acaba en una orden capítulo 10
Kant · la tutela religiosa una constatación con remate crítico capítulo 10
Nietzsche · las invenciones contra la vida una acusación repetida tres veces capítulo 11
Nietzsche · la definición de la moral una convicción que desemboca en una definición capítulo 11
Beauvoir · la lucha de sexos una conclusión con la tesis en negativo capítulo 12
Beauvoir · ¿basta con cambiar las leyes? dos objeciones y una respuesta capítulo 12

Del método al papel

Cuatro pasos, y el tercero es el que separa un resumen de una paráfrasis.

  1. Lee subrayando los conectores. Puesto que, mientras que, sino, de aquí, por tanto. Son las junturas del argumento y te dan el esqueleto antes de haber pensado en el contenido.
  2. Nombra la forma. ¿Demostración, diagnóstico, objeción, cadena de definiciones? Cuesta unos segundos y decide el molde del resumen entero: qué hay que conservar y qué se puede fundir.
  3. Escribe en el orden del argumento, con verbos de función. El orden del argumento suele coincidir con el de las frases, pero no te obliga: lo que te obliga es que se vea qué sostiene a qué. Nada de ir frase a frase; ve de función en función.
  4. Comprueba tres cosas. Que es más corto que el texto, y bastante más: no hay cifra oficial, pero en torno a un tercio del original es terreno seguro, y los dos ejemplos del final rondan ese tercio. Que está escrito con tus palabras. Y que no falta ninguna idea importante, porque la banda alta exige todas.

Errores que cuestan décimas

  1. Parafrasear frase a frase. Seguir el texto oración a oración, diciéndolas un poco más cortas. El resultado tiene la longitud de un resumen y la estructura de una fotocopia: las ideas quedan en su orden y ninguna función queda marcada. Si tu resumen tiene tantas frases como el texto y en el mismo orden, no has resumido: has encogido.
  2. Abrir con «el autor dice que». Y seguir con «luego dice» y «también dice». Todo lo que el texto hace queda reducido a decir, y decir no es una función argumental: sostener, negar y concluir sí lo son. Además regala palabras: quien te corrige ya sabe quién es el autor y que esto es un texto.
  3. Copiar las palabras del texto. La rúbrica lo penaliza expresamente, y con razón: repetir las palabras del autor no demuestra que lo hayas entendido, sino que sabes copiarlo. Si una expresión suya es insustituible, va entre «comillas», y una es el máximo razonable; el resto, tuyo.
  4. Cambiar el sujeto. El caso que lo enseña está en el segundo fragmento de Kant, y engaña en las dos direcciones: la traducción castellana abre con «Ha situado» sin decir quién, el párrafo anterior elogia a un príncipe, y quien no mire los bordes escribirá que el sujeto es él. No lo es. El original dice «he situado» y quien habla es Kant de su propio ensayo (capítulo 10). Un sujeto que se ha quedado fuera del recorte se busca fuera; no se adivina por proximidad.

Dos resúmenes desarrollados

Dos fragmentos de forma distinta: una demostración y una objeción dentro de un diálogo. Sus textos no se reproducen aquí —están citados y analizados en sus capítulos— y conviene que los tengas delante mientras lees.

Primero: la duda y el «yo pienso, luego soy» (Descartes, capítulo 9). Es la demostración contada como relato, la más larga del corpus con sus 347 palabras, y su trampa es resumirla como relato.

Descartes busca un fundamento firme para el conocimiento y advierte que la regla de la vida práctica —seguir opiniones inciertas como si fueran seguras— no sirve para eso: indagar la verdad exige lo contrario. Adopta entonces una regla, rechazar como falso todo aquello en que quepa la menor duda, para ver si algo la resiste, y la aplica tres veces: a los sentidos, que a veces engañan; al razonamiento, que se equivoca hasta en geometría; y a la vigilia entera, que podría ser sueño. Una certeza resiste: para pensar que todo es falso, quien lo piensa tiene que ser algo. Y esa verdad, «yo pienso, luego soy», no la recibe como una certeza más, sino como el primer principio de la filosofía que buscaba.

Unas ciento veinticinco palabras, poco más de un tercio del texto. Conserva el orden, porque en una demostración el orden es el argumento, pero no cuenta un episodio: la regla entra con su finalidad, los tres golpes entran como aplicaciones suyas y el «yo pienso, luego soy» entra como lo que resiste, no como lo que pasa al final. Y la única expresión copiada va entre comillas, porque es la fórmula.

Segundo: la ley y la unidad del Estado (Platón, capítulo 8). Una objeción dentro de un diálogo: si el resumen no dice quién corrige a quién, la primera palabra del fragmento —«vuelves»— queda sin explicar.

Sócrates corrige a su interlocutor, que ha vuelto a plantear la felicidad de una sola clase: el legislador, le responde, no busca la felicidad de nadie en particular, sino la de la ciudad entera. Para lograrla ha de unir a los ciudadanos en los mismos intereses, por la persuasión o por la autoridad, y no los forma para que usen sus facultades como quieran, sino para servirse de ellos y fortalecer la unidad del Estado.

Setenta y cinco palabras sobre un texto de unas ciento veinte. Conserva la forma dialogada, que aquí es estructura y no decorado; conserva los dos medios, persuasión y autoridad, que son dos y no uno; y recorre el arco que va de la felicidad de todos al individuo puesto al servicio del Estado, que es el nervio del fragmento. Un resumen con las mismas ideas y sin ese arco sería una lista, y una lista no tiene estructura argumental.