Descartes: Discurso del método, partes II, III y IV
La parte III es novedad de 2026. Traducción al castellano de García Morente: dominio público.
La ficha del autor
Lo mínimo para situar el texto, y nada más. El examen no te pide biografía en ningún ejercicio, así que esto no es una ficha para memorizar: es una dirección. Cada punto te dice dónde está desarrollado en el manual, que es donde tienes que ir a estudiarlo.
- Quién. René Descartes (1596-1650), francés, soldado en los primeros años de la guerra de los Treinta Años y afincado después en los Países Bajos, donde escribió casi toda su obra. → tema 8 (Descartes).
- Cuándo. En plena revolución científica y pocos años después de la condena de Galileo, cosa que explica bastantes prudencias del texto. §33 (la revolución científica, tema 7).
- Contra quién. Contra la escolástica que hacía del sentido el origen de todo conocimiento, y contra el escepticismo, al que no rebate: lo lleva hasta el final para ver qué queda en pie. §34 (racionalismo, tema 8).
- Qué problema. Si hay algo que pueda saberse con certeza absoluta y, en caso de haberlo, qué es exactamente lo que lo hace cierto. §34 y §36 (Descartes, tema 8).
- Qué obra. El Discurso del método (1637), escrito en francés y no en latín, como prólogo a tres ensayos científicos. De sus seis partes entran la II, la III y la IV. §35 (Descartes, tema 8).
Por qué este texto
«¿Y por qué justamente este y no otro?» Es una pregunta razonable y merece una respuesta que no sea «porque entra». Hay tres, y las tres tienen que ver con lo que este texto te da de cara al examen.
Porque es la bisagra del temario. De las cinco lecturas, esta es la única de la que salen caminos en las dos direcciones. Hacia atrás, a la revolución científica y al escepticismo que le ponen el problema encima de la mesa §33 (la revolución científica, tema 7). Hacia adelante, al empirismo y a Kant, que se construyen los dos discutiéndole §38 (tema 9) y §50 (Kant, tema 12). Cuando la 1.2.A o el ejercicio 3 te pidan moverte por la filosofía moderna, este es el punto desde el que menos lejos queda todo lo demás.
Porque es el único texto cuya traducción no te va a jugar una mala pasada. De las cinco lecturas, esta es la única en la que el castellano que tienes en la antología es prácticamente el mismo que traían los exámenes anteriores. En los otros cuatro autores no ocurre: un ejercicio resuelto de hace unos años cita palabras que tú no vas a leer, a veces con términos clave cambiados. Aquí no. Es un detalle técnico con una consecuencia práctica grande, y es la razón de que el piloto de esta parte del cuaderno sea Descartes y no otro.
Porque dos de sus tres partes no han sido nunca texto de examen, y entran igual. Los tres fragmentos que verás salen todos de la cuarta parte. La segunda y la tercera no han sido nunca el texto que se pone delante del alumnado, y desde 2026 están dentro del temario, que es lo que recorre el ejercicio 3. Quien prepare el Discurso solo por el cogito se deja fuera dos tercios de la lectura, y la tercera parte además no habla de la duda: habla de cómo se vive mientras se duda.
Los fragmentos
La prueba no te va a dar el Discurso entero: trabaja con fragmentos de entre cien y cuatrocientas palabras que reutiliza. De Descartes hay tres, y conviene que sepas por qué tres y no dos.
Dos vienen de convocatorias reales y uno de un modelo oficial. El cogito y el pasaje sobre Dios y el alma han sido texto de examen; el tercero, el párrafo que precede al cogito, aparece en el segundo de los dos modelos que la EHU publicó al estrenar el formato. La regla de que cada autor tiene dos fragmentos vale, entonces, para las convocatorias y no para los modelos, que son ejemplos de lo que la prueba puede hacer y no un catálogo de lo que hace.
Primer fragmento · el cogito
La cita
Examiné después atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía cuerpo alguno y que no había mundo ni lugar alguno en el que yo me encontrase, pero que no podía fingir por ello que yo no fuese, sino al contrario, por lo mismo que pensaba en dudar de la verdad de las otras cosas, se seguía muy cierta y evidentemente que yo era, mientras que, con solo dejar de pensar, aunque todo lo demás que había imaginado fuese verdad, no tenía ya razón alguna para creer que yo era, […]
Y un aviso antes de seguir. La ordinaria de 2026 no cortó ahí: siguió hasta la sustancia pensante, el dualismo y la regla general de la evidencia. Es el texto más largo que la prueba ha puesto de este autor, y lo tienes resuelto entero en la Parte V. Aquí analizamos el núcleo, que es lo que reaparece siempre. Y algo más, para cuando compares: el examen no usaba esta traducción. Donde aquí lees «no podía fingir por ello que yo no fuese», el papel de 2026 decía «por eso que no fuese», y es la única divergencia dentro del fragmento. Cada texto se cita por su fuente —este, por la antología del curso; el del examen, por lo que se repartió en el aula—, así que el enunciado de la 1.2.B que verás más abajo no coincide letra a letra con lo impreso aquí. Las cursivas, por lo mismo, son de la edición que traduce y no de Descartes. Nada de eso cambia el argumento.
Qué dice, paso a paso. Cuatro movimientos, y lo primero que conviene ver es que caben en una sola oración: el fragmento es un único período articulado sobre un «viendo que… mientras que…». Eso ya es media respuesta de la 1.1, porque la estructura argumental está en la sintaxis y no hay que ir a buscarla lejos.
- Plantea la pregunta. Qué es él, una vez que ha decidido dudar de todo lo demás. Los pasos de esa duda no están en este fragmento —los tienes en §36 (Descartes, tema 8) y en el tercer fragmento—; aquí se dan por hechos y se parte de su resultado.
- Ensaya una supresión. Puede fingir que no tiene cuerpo y que no hay mundo. Fíjate en el verbo, porque es el que sostiene el peso: no dice que sea así, dice que puede fingirlo, es decir, que puede pensarlo sin contradecirse. Suprimir con el pensamiento y ver si algo se resiste: eso es todo el procedimiento.
- Encuentra el límite de la supresión. Lo que no puede fingir es no ser, y no por capricho: precisamente porque está dudando, y dudar es pensar, y para pensar hay que ser. Repara en el giro, que es lo mejor del párrafo: la duda entró como arma de demolición y sale convertida en prueba.
- Lo confirma por el reverso. Si dejara de pensar, ya no tendría razón para creer que es, aunque todo lo demás resultara verdadero. La existencia queda amarrada al pensar y solo al pensar, no al cuerpo ni al mundo.
La frase que la prueba usa. De este fragmento, la 1.2.B de la ordinaria de 2026 pidió explicar por qué Descartes afirma que «podía fingir que no tenía cuerpo alguno (…), pero que no podía fingir por eso que no fuese». Mira qué frase eligió y cuáles dejó fuera: no la más citable ni la conclusión, sino el gozne, el punto exacto donde el argumento gira. Es el criterio que verás repetirse. Y de ahí sale la consecuencia práctica: la 1.2.B no te pide reformular la frase con otras palabras —eso deja en la banda baja por muy bien copiado que esté—, sino reconstruir las razones por las que el autor la sostiene, que aquí son las del paso 3.
Segundo fragmento · Dios y el alma
La cita
Pero si hay algunos que están persuadidos de que es difícil conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma, es porque no levantan nunca su espíritu por encima de las cosas sensibles y están tan acostumbrados a considerarlo todo con la imaginación —que es un modo de pensar particular para las cosas materiales—, que lo que no es imaginable les parece ininteligible. Lo cual está bastante manifiesto en la máxima que los mismos filósofos admiten como verdadera en las escuelas, y que dice que nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido1, en donde, sin embargo, es cierto que nunca han estado las ideas de Dios y del alma; […]
Qué dice, paso a paso. Aquí la estructura no es la de una demostración sino la de un diagnóstico, y esa diferencia es justamente lo que la 1.1 tiene que recoger. Descartes no está probando nada: está explicando por qué a otros les cuesta.
- Constata un hecho. Hay quien encuentra difícil conocer qué son Dios y el alma. No lo discute: lo toma como dato del que hay que dar cuenta.
- Da la causa. No levantan el espíritu por encima de lo sensible y lo consideran todo con la imaginación.
- Precisa dónde está el error. La imaginación es «un modo de pensar particular para las cosas materiales», y solo para ellas. Usarla como medida de lo que puede entenderse es aplicar una herramienta fuera de su terreno.
- Saca la consecuencia. A quien hace eso, lo no imaginable le parece ininteligible. Confunde «no puedo hacerme una imagen» con «no puedo entenderlo», que no es lo mismo ni se le parece.
- Muestra que el error está institucionalizado. Y aquí llega el golpe: esa confusión no es de aficionados, está escrita como máxima en las escuelas —«nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido»—. Contra ella pone un contraejemplo, no un argumento: las ideas de Dios y del alma nunca han estado en los sentidos, y ahí están.
La frase que la prueba usa. De este fragmento no tenemos ningún enunciado de 1.2.B: cuando fue texto de examen, la prueba tenía otro formato y esa pregunta no existía. Pero el criterio que acabas de ver en el primer fragmento se aplica igual, y aplicarlo tú es mejor entrenamiento que memorizar enunciados: busca la frase que sostiene el peso. Aquí es la máxima escolástica, sin discusión, porque el párrafo entero existe para refutarla. Y presta atención a lo que eso significa, que te va a servir para la 1.2.A: el axioma que Descartes ataca en esta línea es, palabra por palabra, el que el empirismo convertirá en bandera §38 y §39 (Hume, tema 9).
Tercer fragmento · la duda y el «yo pienso, luego soy»
La cita. Es el párrafo inmediatamente anterior al del cogito, y el que usa el segundo modelo oficial.
No sé si debo hablaros de las primeras meditaciones que hice allí, pues son tan metafísicas y tan fuera de lo común, que quizá no gusten a todo el mundo. Sin embargo, para que se pueda apreciar si los fundamentos que he tomado son bastante firmes, me veo en cierta manera obligado a decir algo de esas reflexiones. Tiempo ha que había advertido que, en lo tocante a las costumbres, es a veces necesario seguir opiniones que sabemos muy inciertas, como si fueran indudables, y esto se ha dicho ya en la parte anterior; pero, deseando yo en esta ocasión ocuparme tan solo de indagar la verdad, pensé que debía hacer lo contrario y rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de ver si, después de hecho esto, no quedaría en mi creencia algo que fuera enteramente indudable. Así, puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que yerran al razonar, aun acerca de los más simples asuntos de geometría, y cometen paralogismos, juzgué que yo estaba tan expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas; y, en fin, considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: «yo pienso, luego soy», era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.
Qué dice, paso a paso. Es el más largo de los tres y el que más se parece a un relato, y ahí está su trampa: si lo resumes como relato —«primero dudó de esto, luego de aquello»— habrás contado lo que pasa y no lo que se argumenta. Son seis movimientos y los tres primeros son de método, no de contenido.
- Se disculpa y se justifica. Avisa de que lo que viene es metafísico y quizá no guste, y acto seguido explica por qué lo dice de todas formas: sin ver los cimientos no se puede juzgar si el edificio se sostiene. La disculpa no es cortesía, es la razón de que el pasaje exista.
- Separa dos terrenos. En lo tocante a las costumbres hay que seguir opiniones inciertas como si fueran seguras —lo ha explicado en la parte anterior del Discurso, la que entra desde 2026—; pero aquí no se trata de vivir, sino de indagar la verdad, y para eso hay que hacer exactamente lo contrario.
- Fija la regla. Rechazar como absolutamente falso todo aquello en que quepa imaginar la menor duda. Léela con cuidado, porque casi todo el mundo la exagera: no dice que todo sea falso, dice que va a tratarlo como si lo fuera, y dice para qué —para ver si queda algo—. Es un procedimiento con una finalidad, no una tesis escéptica.
- Aplica la regla tres veces. Los sentidos, que a veces engañan; el razonamiento, porque también en geometría se cometen paralogismos; y la vigilia entera, porque cuanto pienso despierto podría estar soñándolo. Cada golpe barre un territorio más amplio que el anterior, y el tercero se lleva por delante a los otros dos.
- Encuentra lo que resiste. Para pensar que todo es falso hace falta que yo, que lo pienso, sea algo. Y esa verdad —«yo pienso, luego soy»— aguanta incluso las suposiciones más extravagantes de los escépticos, que es el listón que él mismo se había puesto.
- La eleva a principio. No se conforma con tener una certeza: la recibe como el primer principio de la filosofía que andaba buscando. El paso del hallazgo al fundamento es el que convierte esto en filosofía y no en una ocurrencia.
La frase que la prueba usa. El modelo pide explicar «yo pienso, luego soy». Compárala con la que eligió la ordinaria de 2026: allí escogió el gozne del argumento, aquí la conclusión. Son dos sitios distintos y el criterio es el mismo, y por eso vale la pena que te lo quedes: la prueba escoge la frase que no puedes explicar sin reconstruir el argumento entero. Esa es su marca. Si te sale una respuesta que podrías haber escrito leyendo solo la frase, sin el texto delante, has fallado la pregunta por muy elegante que quede.
Guía de lectura del resto
Este cuaderno no imprime el Discurso entero, pero en clase lo vas a abrir completo. Lo que sigue no es un resumen —el resumen lo haces tú, y para eso está el capítulo 3—: es una lista de qué mirar en las páginas que aquí no se citan.
En la segunda parte, busca dos cosas. Las cuatro reglas del método, que Descartes enuncia y numera él mismo, y que son el contenido del ejercicio 3 cuando pregunta por el método §35 (Descartes, tema 8). Y la imagen con la que justifica derribarlo todo: la casa que se demuele para reconstruirla mejor. Lee con atención la advertencia que le pone al lado, porque casi nadie la ve: eso vale para las propias opiniones y no para las instituciones de un país. Ahí está la distancia entre Descartes y un revolucionario, y es material aprovechable en cuanto un enunciado te lleve a la política moderna.
En la tercera parte, busca las cuatro máximas y, sobre todo, por qué las necesita. Es la novedad de 2026 y la que menos se prepara. Mientras la duda arrasa todo lo que creía saber, hay que seguir levantándose por las mañanas y decidiendo qué hacer, y no se puede esperar a tener certezas para vivir. Fíjate en el adjetivo que gobierna la sección entera, provisional, porque es el que la conecta con lo que viene: el tercer fragmento arranca justamente separando lo que vale para las costumbres de lo que vale para la verdad.
En la cuarta parte, busca lo que hay entre los tres fragmentos. De aquí salen los tres, y lo que queda en medio es la parte constructiva: cómo de su propia imperfección saca la idea de un ser perfecto, cómo con esa idea prueba que Dios existe, y cómo un Dios que no engaña le devuelve la confianza en la razón y, con ella, el mundo §37 (Descartes, tema 8). Para comentar los fragmentos no lo necesitas. Para el ejercicio 3 y para cualquier comparación sobre el origen del conocimiento, sí: sin ese recorrido, el cogito se queda en una curiosidad ingeniosa en vez de en el cimiento de un sistema.
Conceptos clave
Los que la prueba ha trabajado desde este autor. No se explican aquí: cada uno está desarrollado en el manual, y tenerlo en dos sitios solo garantiza que algún día discrepen. Lo que sí conviene que veas es la columna de la derecha, porque separa dos cosas que se confunden a menudo.
| Concepto | ¿Está en los fragmentos? | Dónde estudiarlo |
|---|---|---|
| La duda metódica | Sí, en el tercero | §36 (Descartes, tema 8) |
| El cogito | Sí, en el primero y el tercero | §36 (Descartes, tema 8) |
| Las cuatro reglas: evidencia, análisis, síntesis, enumeración | No | §35 (Descartes, tema 8) |
| La evidencia: lo claro y lo distinto | No, salvo en el texto ampliado de 2026 | §35 y §36 (Descartes, tema 8) |
| Intuición y deducción | No | §34 (racionalismo, tema 8) y §35 |
| Las clases de ideas: adventicias, facticias e innatas | No | §36 (Descartes, tema 8) |
| La existencia de Dios y la garantía de la razón | Solo aludida, en el segundo | §37 (Descartes, tema 8) |
| Las sustancias y el dualismo | No, salvo en el texto ampliado de 2026 | §37 (Descartes, tema 8) |
Lee la tabla al revés y verás lo que importa. La mayoría de los conceptos que te pueden preguntar no están en el texto que te van a poner delante. Quien prepare solo los fragmentos llegará al examen sabiendo comentar el fragmento y sin nada que decir en cuanto la pregunta se mueva un centímetro. Los fragmentos son la puerta; el temario es la casa, y está en el manual.
Puentes desde este autor
Adónde ha salido la prueba desde este texto. Siempre hacia una corriente y nunca hacia un autor concreto —el Renacimiento, el empirismo, la Ilustración—, y casi siempre bajo el mismo problema: el origen y la construcción del conocimiento.
Qué cambió en 2026. Por primera vez el enunciado pide nombres, y además te deja añadir el tuyo: «Kant, Nietzsche, Beauvoir u otro autor». Prepararse una corriente ya no basta, y saber elegir pasa a valer tanto como saber comparar.
Dónde se trabaja. El método para elegir el término de comparación y para cruzarlo está en el capítulo 4. El material está repartido entre los dos libros: «Comparar a través de los bloques» (Parte IV) si entras por el autor, y el apéndice «Perspectivas enfrentadas», que cierra el manual, si entras por el problema. De cualquiera de los dos se sale al manual.
Ejercicios para practicar
Esto es trabajo, no pronóstico. Que un enunciado esté aquí no dice nada sobre lo que va a caer. Los primeros son reales y los últimos los hemos construido nosotros, y van separados para que no los confundas.
Reales, de la prueba vigente. Todos sobre el primer fragmento o el tercero, y todos resueltos en la Parte V.
- Resumen. «Elabore un resumen de las ideas principales y la estructura argumental del texto». Método en el capítulo 3.
- Comparación. «En lo que respecta al origen y la construcción del conocimiento, compare críticamente el texto de René Descartes con las propuestas de Kant, Friedrich Nietzsche, Simone de Beauvoir u otro autor». El capítulo 4 lo desarrolla entero, con dos respuestas completas.
- Comparación. Comparar el texto con el racionalismo y el empirismo. Mismo ejercicio, otra manera de preguntar: aquí el destino te lo dan hecho.
- Explicación. «Explique, de forma argumentada, por qué Descartes afirma en el texto: “podía fingir que no tenía cuerpo alguno (…), pero que no podía fingir por eso que no fuese”». Método en el capítulo 5.
- Explicación. Por qué afirma «yo pienso, luego soy», sobre el tercer fragmento.
- Ejercicio 3. «El método en Descartes». Este no se responde con los fragmentos, sino con la segunda parte del Discurso y con §35 (Descartes, tema 8).
Construidos, sobre el segundo fragmento. El de Dios y el alma no tiene enunciados propios en el formato vigente, y por eso mismo es el que más falta hace practicar. Van escritos con la forma exacta que usa la prueba.
- Resumen. Elabore un resumen de las ideas principales y la estructura argumental del texto. Ojo: la estructura es la de un diagnóstico y no la de una demostración, y ahí se cae mucha gente.
- Explicación. Explique, de forma argumentada, por qué Descartes afirma en el texto: «lo que no es imaginable les parece ininteligible».
- Comparación. En lo que respecta al origen de las ideas, compare críticamente el texto con la propuesta del empirismo. Material en §38 y §39 (Hume, tema 9) y en el apéndice «Perspectivas enfrentadas» del manual.
Cómo puntúa cada uno está en el capítulo 2, entero y sin repetir aquí. Reléelo antes de escribir, no después.
Nihil est in intellectu, quod non prius fuerit in sensu.↩︎