Epílogo

Este libro empezó preguntando qué es la filosofía, y esa pregunta no tenía trampa: era la primera de las siete que hemos ido haciendo. Después vinieron qué somos, qué podemos conocer y hasta dónde, qué hay de verdad detrás de lo que vemos, cómo debemos actuar, cómo conviene que nos organicemos y por qué nos paramos delante de algunas cosas.

No hemos contestado ninguna de forma definitiva, y no ha sido por falta de ganas ni por falta de páginas. Esa es la materia: si tuvieran respuesta cerrada, no serían preguntas filosóficas, serían preguntas de otra asignatura.

Lo que espero que te lleves es más pequeño y más útil que una respuesta. Que distingas una pregunta bien hecha de una mal hecha. Que reconozcas un argumento cuando lo oigas, y sobre todo que reconozcas cuando lo que oyes no es un argumento aunque lo parezca. Y que hayas perdido algo de miedo a cambiar de opinión cuando la razón está del otro lado. Parece poco. Es exactamente lo que separa pensar de repetir.

Si algo de eso se te ha quedado, estás mejor equipado para pensar tu propia conducta y la de todos, y para entender un poco mejor el mundo que te ha tocado. No es una promesa pequeña, pero tampoco es una garantía: la filosofía no vacuna contra el error. Lo único que hace es encarecerlo, obligarte a sostenerlo con razones, y dejarte sin excusas cuando ya no las tienes.

El curso que viene. Este libro ha ido por problemas: cada unidad, una pregunta. En Historia de la Filosofía los problemas son los mismos, pero llegan en orden, con nombres y con fechas. Verás quién preguntó cada cosa por primera vez, en qué mundo vivía cuando la preguntó y por qué las respuestas fueron cambiando —que casi nunca es porque a alguien se le ocurriera una idea mejor a solas, sino porque el mundo alrededor se movió—. Muchos de los que aquí has visto de paso, y algunos a los que solo hemos podido asomarnos, tendrán entonces su capítulo entero.

Te dejo con la mejor noticia y la peor, que son la misma: ninguna de estas preguntas se cierra. Las vas a seguir contestando el resto de tu vida, y las respuestas que des a los cuarenta no serán las de ahora. La diferencia, si esto ha servido de algo, es que ahora sabes que estás contestando.