Lectura · Aristóteles y Wilde
La ficha. De la Poética de Aristóteles (384-322 a. e. c.) nos han llegado apuntes de clase y no un libro terminado, y ni siquiera enteros: el segundo libro, el que trataba de la comedia, se perdió. El pasaje que vas a leer no está donde lo esperarías. Aristóteles no se pregunta ahí qué es el arte ni qué es lo bello: se pregunta de dónde salió la poesía, cómo llegó a existir; y para contestarlo tiene que decir qué clase de animal es el que la hizo. Oscar Wilde (1854-1900) publicó El retrato de Dorian Gray en el número de julio de 1890 de la revista norteamericana Lippincott’s, y la prensa británica lo trató de venenoso e inmoral. Wilde contestó en los periódicos durante semanas y, cuando en 1891 sacó la novela en libro —más larga y en parte reescrita—, le puso delante este prefacio, que había publicado suelto unas semanas antes en la Fortnightly Review1. No es una teoría del arte: es una defensa, escrita por alguien a quien acababan de acusar de haber escrito un libro inmoral.
La traducción. Las dos son de Claude y directas, del griego y del inglés, hechas para este manual sobre textos de dominio público; las dos se publican bajo la misma licencia que el resto del libro. Los corchetes […] marcan lo omitido, que en Wilde no es nada: su prefacio va entero, porque es corto y porque cortarlo sería elegirle a él los aforismos que le convienen. En Aristóteles se omite el final del capítulo, que ya cuenta otra cosa. Y una advertencia que vale para todo el pasaje griego: donde la tradición escribe «imitar», aquí se traduce representar, por la razón que el tema ya te dio (§151).
El animal que representa. Aristóteles busca el origen de la poesía y lo encuentra en dos hechos de nuestra naturaleza. El segundo le obliga a explicar algo incómodo: por qué disfrutamos mirando lo que en la realidad no querríamos ver.
Parece que a la poesía la engendraron, en general, dos causas, y las dos naturales. Porque el representar les es connatural a los seres humanos desde niños —y en esto se distinguen de los demás animales: en que el hombre es el más dado a representar, y en que sus primeros aprendizajes los hace representando—, y también les es connatural a todos disfrutar de las representaciones.
Prueba de ello es lo que ocurre con las obras: aquello que en sí mismo nos resulta penoso de mirar, lo miramos a gusto cuando lo vemos en imágenes trabajadas con la mayor exactitud; por ejemplo, las figuras de los animales más repugnantes, y los cadáveres. La causa es que aprender resulta agradabilísimo no solo a los filósofos, sino igualmente a los demás, aunque estos participen de ello en pequeña medida. Porque por eso disfrutan viendo las imágenes: porque, al contemplarlas, aprenden y deducen qué es cada cosa —que este de aquí es aquel de allá—. Pues si a uno no le ha ocurrido verlo antes, la obra no producirá placer en cuanto representación, sino por su factura, o por el color, o por alguna otra causa parecida.
Siéndonos, pues, natural el representar, y también la armonía y el ritmo —que los metros son partes de los ritmos, es evidente—, desde el principio los más dotados para estas cosas fueron avanzando poco a poco y engendraron la poesía a partir de sus improvisaciones. […]
—Aristóteles, Poética 4, 1448b · traducción de Claude, del griego
El prefacio que escribió para defenderse. Wilde no argumenta: sentencia. Léelo despacio, porque cada frase se acepta o se rechaza por separado, y la última no se entiende sin la penúltima.
El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es el fin del arte. El crítico es quien sabe traducir a otra manera o a un material nuevo su impresión de las cosas bellas.
La forma más alta de la crítica, igual que la más baja, es un modo de autobiografía. Los que encuentran significados feos en las cosas bellas están corrompidos sin ser encantadores. Eso es un defecto.
Los que encuentran significados bellos en las cosas bellas son los cultivados. Para esos hay esperanza. Son los elegidos, para quienes las cosas bellas solo significan belleza.
No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo.
La aversión del siglo XIX al realismo es la rabia de Calibán al ver su propia cara en un espejo. La aversión del siglo XIX al romanticismo es la rabia de Calibán al no ver su propia cara en un espejo.
La vida moral del hombre forma parte de la materia del artista, pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea demostrar nada. Hasta las cosas que son verdaderas se pueden demostrar. Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista es un amaneramiento imperdonable del estilo. Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo.
El pensamiento y el lenguaje son para el artista instrumentos de un arte. El vicio y la virtud son para el artista materiales de un arte. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del músico; desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el oficio del actor.
Todo arte es a la vez superficie y símbolo. Los que van por debajo de la superficie, lo hacen por su cuenta y riesgo. Los que leen el símbolo, lo hacen por su cuenta y riesgo. Es al espectador, y no a la vida, a quien el arte refleja de verdad.
La diversidad de opiniones sobre una obra de arte demuestra que la obra es nueva, compleja y viva. Cuando los críticos discrepan, el artista está de acuerdo consigo mismo. Se le puede perdonar a un hombre que haga una cosa útil mientras no la admire; la única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla intensamente.
Todo arte es completamente inútil.
—Oscar Wilde, prefacio de El retrato de Dorian Gray (1891) · traducción de Claude, del inglés
Ayuda a la lectura. Seis cosas de los dos textos que conviene tener claras antes de discutirlos.
- Representar. Traduce mimeisthai, que casi todas las versiones ponen como «imitar». El problema de «imitar» es que sugiere copiar lo que hay, y lo que Aristóteles describe es otra cosa: hacer algo que presenta una acción o una figura. Un niño que juega a médicos no está copiando a nadie.
- «Que este de aquí es aquel de allá». Es lo que ocurre en tu cabeza al reconocer lo representado, y Aristóteles lo llama deducir: mirar una imagen es resolver un pequeño problema. Por eso, dice, si no has visto nunca el original, el placer ya no puede venir de ahí y tiene que venir de otro sitio.
- Los metros son partes de los ritmos. El ritmo es lo general —el compás de un martillo, el paso de un caballo— y el verso es un trozo suyo recortado con una medida fija. Aristóteles lo dice de pasada porque le hace falta: si el ritmo es natural, el verso no es un artificio de poetas.
- Calibán. Es el personaje monstruoso de La tempestad de Shakespeare. Wilde lo usa dos veces y en dos direcciones opuestas: el público del XIX se enfurece cuando el arte le enseña su propia cara y también cuando no se la enseña. Lo que retrata así no es un gusto, sino una incomodidad.
- Simpatías éticas. En inglés, ethical sympathies: tomar partido moral dentro de la obra, indicarle al lector de qué lado hay que estar. Wilde no lo llama un error moral, sino un vicio de estilo, y ahí está la provocación.
- Inútil. En Wilde, «inútil» no significa malo ni prescindible: significa que no sirve para nada distinto de sí mismo. Está emparentado con lo que has visto en Kant cuando decía que lo bello tiene una finalidad que no responde a ningún fin (§152), aunque Wilde lo dice para escandalizar y Kant no.
Dos respuestas a la misma pregunta. Los dos textos contestan a para qué sirve el arte, y contestan lo contrario. Aristóteles: sirve para aprender, y de ahí sale el placer que da, incluido el placer raro de mirar un cadáver pintado. Wilde: no sirve para nada, y en eso consiste su dignidad; en cuanto le pides que demuestre algo, lo has convertido en otra cosa. Fíjate en que la oposición es más fina de lo que parece: Wilde no niega que el arte dé placer —lo da por descontado—, niega que ese placer venga de haber aprendido nada. Y fíjate también en dónde coinciden, que suele sorprender: los dos sostienen que se puede representar cualquier cosa, por repugnante que sea.
Wilde vuelve, y no por casualidad. Dos frases de este prefacio abren el tema anterior, enfrentadas a Horacio, que pedía al poeta lo útil y lo dulce a la vez. Allí las leíste sueltas, como un lema; aquí las tienes en su sitio, rodeadas de todo lo demás. Comprueba si dicen lo mismo dentro que fuera: un aforismo suelto es una afirmación, y el mismo aforismo dentro de una lista de veinte es una posición, con lo que la posición arrastra.
La frase que parece una errata. «Ningún artista desea demostrar nada. Hasta las cosas que son verdaderas se pueden demostrar». Al leerla, casi todo el mundo supone que falta un «no» y que Wilde quiso escribir que ni siquiera lo verdadero se puede demostrar. No falta nada: la frase dice lo que dice, y es un desprecio. Demostrar es una operación tan barata que hasta le toca en suerte a lo verdadero, y por eso no puede ser asunto de un artista. Que estés de acuerdo o no es otra cuestión; lo primero es leer lo que hay.
El trabajo. Las dos lecturas comparten un solo bloque, porque aquí el ejercicio es la comparación. Las dos primeras preguntas son de comprensión; las dos siguientes te piden analizar cómo está construido cada argumento; las dos últimas, llevarlo a otro sitio y mojarte.
- Aristóteles da dos causas naturales del origen de la poesía. Enúncialas con el texto y explica por qué le hace falta la segunda: qué se quedaría sin explicar si solo tuviera la primera.
- Wilde escribe que no existen libros morales ni inmorales. Según su prefacio, ¿qué es entonces la moralidad del arte? Contesta con la frase del texto que lo dice, y no con lo que te parezca a ti.
- El argumento de Aristóteles descansa en un experimento mental: la imagen de algo cuyo original no has visto nunca. ¿Qué queda demostrado exactamente con ese caso? Explica por qué, sin él, no podría sostener que el placer viene de aprender.
- Toma tres aforismos cualesquiera de Wilde y comprueba si se apoyan unos en otros o si cada uno se sostiene solo. ¿Qué gana y qué pierde un texto escrito así, comparado con el de Aristóteles?
- Al estudiar el papel político del arte quedó abierto si la ética y la estética pueden mantenerse separadas (§149). Aplica las dos posiciones a un caso real que conozcas: una película, una canción o una serie a las que se haya acusado de hacer daño. ¿Qué diría cada uno, y quién resuelve mejor el caso?
- «Todo arte es completamente inútil». ¿Es una boutade o una tesis? Toma partido y defiéndelo, sabiendo que aceptarla obliga a decir por qué habría entonces que pagar el arte con dinero público, y rechazarla obliga a decir para qué sirve exactamente. Dedica al menos una frase a la mejor objeción contra tu propia postura, y no la despaches: contéstala o reconoce que no puedes.
Wilde, O. (1891). A Preface to «Dorian Gray». Fortnightly Review, 49(291), 480-481. El número es el del 1 de marzo; el libro salió en Londres al mes siguiente.↩︎