Tema 3 · Las ramas de la filosofía y su vigencia
Tales, mientras hacía astronomía y miraba hacia arriba, cayó en un pozo, y una criada tracia, graciosa y despierta, se burló de él: se afanaba por conocer las cosas del cielo y se le escapaba lo que tenía a sus pies. La misma burla vale para todos cuantos pasan la vida en la filosofía.
—Platón, Teeteto, 174a · traducción de Claude, del griego
Como le reprochaban a Tales su pobreza, alegando que la filosofía no servía para nada […], demostró que a los filósofos les es fácil hacerse ricos, si quieren, pero que no es eso lo que se toman en serio.
—Aristóteles, Política, I, 1259a · traducción de Claude, del griego
§09 · Las ramas de la filosofía
La Filosofía tiene una historia de al menos 2610 años.
De dónde sale esa cifra. Tomo como referencia el año 585 a. e. c., cuando —según la tradición— Tales de Mileto (626/623 a. e. c.-548/545 a. e. c.) predijo un eclipse de Sol; sea o no históricamente exacto, sirve de hito para datar el nacimiento de la filosofía. De ahí a 2026, año de esta edición, median unos 2610 años. Concepciones más amplias de las que solemos manejar en Occidente nos llevarían a fechas muy anteriores, ya sea en Mesopotamia o en la China y la India de la Antigüedad. Como podrás imaginar, a lo largo de todo este tiempo se ha ocupado de innumerables temas y ha creado sistemas y propuestas de todo tipo.
A continuación tienes una referencia de los grandes ámbitos a los que pertenecen esas cuestiones y planteamientos. Las llamaremos divisiones o ramas de la Filosofía. Te servirán para poder clasificar y comprender mejor lo que de otra forma podría ser un lío. Cada una de ellas se caracteriza por un objeto de conocimiento distinto; es decir, que trata sobre un conjunto de temas distinto, y a cada una le corresponde una unidad de este libro. Las presento en ese orden, que no es el orden en que nacieron: la Filosofía empezó preguntando por el cosmos y solo con los sofistas y Sócrates, en el siglo V a. e. c., bajó del cielo a la tierra para ocuparse del ser humano y de su vida en común.
Antropología filosófica
Empezamos por la pregunta que más de cerca nos toca: ¿qué es el ser humano?. De ella se ocupa la antropología filosófica, que indaga en lo propio de nuestra especie: qué somos, qué nos distingue del resto de los animales, si tenemos una naturaleza fija o nos hacemos a nosotros mismos, y qué relación hay entre nuestro cuerpo y nuestra mente.
No la confundas con la antropología social o cultural, que es una ciencia: observa y compara sociedades concretas —cómo se casan, qué ritos celebran, cómo se organizan— con trabajo de campo y datos. La antropología filosófica no observa: argumenta. Se ocupa de la pregunta que ninguna observación resuelve por sí sola y se alimenta de lo que la biología, la psicología y la propia antropología social averiguan.
Como rama con nombre propio es la más joven de todas: lo recibe de Kant en el siglo XVIII y se consolida como disciplina en el XX, con Max Scheler (1874-1928). La pregunta, en cambio, es antiquísima; lo que ocurre es que durante siglos se contestó desde otras ramas. La teoría del alma de Platón, por ejemplo, responde a qué somos, pero lo hace afirmando que el alma es una realidad inmortal y separable del cuerpo, que es una tesis metafísica. Algunas de sus preguntas típicas:
- ¿Qué es el ser humano?
- ¿Tenemos una naturaleza fija o nos hacemos a nosotros mismos?
- ¿Qué nos distingue del resto de los animales?
- ¿Somos cuerpo, mente, o las dos cosas?
- ¿Hay algo en nosotros que la biología no pueda explicar?
- ¿En qué consisten la persona y la dignidad?
Es la Unidad II de este curso (§24).
Epistemología
La epistemología es el discurso filosófico sobre el conocimiento y la verdad. Ya establecimos que las únicas herramientas de la Filosofía son la razón y la argumentación. Además, los filósofos pretendemos descubrir la verdad o, al menos, acercarnos lo más posible a ella. A fin de cuentas, si los argumentos con los que alimentamos nuestra razón son falsos o inciertos, no estaríamos respondiendo rigurosamente a las preguntas filosóficas.
Qué es saber algo. Parece fácil hasta que lo miras de cerca. Imagina que en un examen respondes «1789» a la pregunta por el año de la Revolución francesa, pero lo has escrito porque lo has copiado del compañero de al lado, que a su vez lo había puesto a boleo. La respuesta es verdadera y la has dado tú. ¿Sabías la fecha? Diríamos que no: para saber no basta con acertar. Hace falta, además, creerlo y tener razones para creerlo, y por eso la tradición definió el conocimiento como creencia verdadera y justificada. Discutir qué cuenta como razón suficiente es, en el fondo, la ocupación entera de esta rama; y la gran disputa moderna consiste en decidir de dónde vienen esas razones: si de la experiencia —empirismo— o de la razón misma —racionalismo—.
Si la verdad y el conocimiento seguro son tan importantes, inmediatamente nos encontraremos con dificultades como las que se reflejan en algunas de las preguntas típicas de la epistemología:
- ¿En qué consiste la verdad?
- ¿Qué es conocer algo?
- ¿Es la verdad universal o solo podemos aspirar a verdades incompletas, parciales, relativas o personales?
- ¿Es suficiente la observación del mundo empírico para extraer de él conclusiones válidas?
- ¿Cuáles son los límites del conocimiento humano?
- ¿Es fiable nuestra razón?
- ¿Cómo podemos saber si algo es verdadero o falso?
- ¿Existen conocimientos universales y necesarios?
- ¿Es posible un conocimiento racional al margen de los sentidos?
La lógica, la herramienta. Más que una rama, la lógica es el instrumento con el que se trabaja en todas las demás: Aristóteles la llamó órganon y la dejó expresamente fuera de las partes de la Filosofía. Estudia cómo hacer inferencias válidas, esto es, cómo derivar conclusiones a partir de premisas. Se distinguen tres tipos. La deducción, en la que la verdad de las premisas garantiza la de la conclusión: «todos los hombres son mortales; Sócrates es hombre; luego Sócrates es mortal». La inducción, que obtiene principios generales a partir de observaciones particulares y por eso amplía el conocimiento, aunque sin garantías: basta un solo pato que no sea blanco para cargarse la conclusión de que todos los patos lo son. Y la abducción, que conjetura la explicación más probable de lo que observamos: ves un plato de sopa humeante sobre la mesa y supones que el comensal volverá enseguida. Las tres las trabajaremos a fondo más adelante (§60).
Es la Unidad III de este curso.
Metafísica
Aunque la veamos ahora, la metafísica fue la primera. La Filosofía comenzó a lo grande, con una enorme ambición, preguntándose sin complejos nada más y nada menos ¿qué es la realidad?; ¿de qué está compuesta?; ¿por qué se mantiene y no desaparece?; o si ¿ha estado siempre ahí?. A este ámbito de preocupación e investigación filosófica por la naturaleza de la realidad lo llamamos metafísica.
Sabemos que los primeros filósofos, del siglo VI a. e. c., pertenecientes a la escuela de Mileto1, ya hablaron del arkhé o principio y fundamento de la naturaleza (de las cosas). A la naturaleza de las cosas la llamaron physis, de ahí que también los conozcamos como filósofos físicos. Aún hoy podemos rastrear esa palabra en el castellano por medio del término física, que sigue siendo el estudio de las leyes que gobiernan el funcionamiento del cosmos.
A diferencia de la física científica actual, la metafísica no se preocupa exclusivamente de la realidad material2, sino que estudia la realidad en sentido amplio. Estas son algunas preguntas típicas que se hace la metafísica:
- ¿Qué es la realidad?
- ¿Es real la materia?
- ¿Qué realidad tiene el pensamiento?
- ¿Es infinito o eterno el Universo?
- ¿Existe Dios?
- ¿Por qué existe la realidad y no la nada?
- ¿De dónde proviene lo real?
- ¿Existió un comienzo del tiempo?
Ontología. Dentro de la metafísica, la ontología se ocupa específicamente del ser: qué cosas existen, de qué modo existen y qué relación guardan entre sí. La distinción tiene mucho arraigo en la tradición y conviene que la conozcas, pero en este curso usaremos metafísica y ontología como términos intercambiables, salvo cuando tratemos la realidad en detalle.
Es la Unidad IV de este curso.
Hasta ahora hemos visto las inquietudes de los filósofos por cuestiones teóricas o relacionadas con el pensamiento humano: por lo que somos (antropología), por cómo podemos conocer la realidad (epistemología) y por cómo es la naturaleza de las cosas (metafísica).
Además, la Filosofía se ocupa también de cuestiones prácticas o relacionadas con la acción humana. Tradicionalmente encontramos la ética; la filosofía política; y la estética.
Ética
Te encuentras una cartera con doscientos euros dentro y el carné de identidad de su dueño. No te ha visto nadie. ¿Qué haces? Y, sobre todo, ¿por qué lo haces? Cualquier cosa que respondas —devolverla, quedártela, quedarte solo con el dinero— la responderás por alguna razón, y en cuanto empiezas a dar razones ya estás haciendo ética.
Los primeros filósofos se ocuparon fundamentalmente de la metafísica. Sin duda, los seres humanos somos parte del cosmos y entramos en el conjunto de cosas que son, de los objetos, y, por lo tanto, en el ámbito de la metafísica. Sin embargo, a diferencia del resto de objetos que conforman la realidad y que son de una o de otra manera, los seres humanos nos preocupamos además de cómo debiéramos comportarnos. Esta división de la Filosofía que se ocupa de estudiar cuál es buen comportamiento y la acción correcta, la debida o la virtuosa, es la ética. Cuidado con los dos nombres, porque los verás usados casi como sinónimos: llamamos moral al conjunto de normas y valores que un grupo humano ya tiene por buenos, y ética a la reflexión filosófica que pide razones de esas normas; por eso a esta rama se la llama también filosofía moral, porque examina la moral en lugar de dictarla.
Los sofistas y Sócrates dieron un giro importante a la Filosofía durante los siglos V y IV a. e. c., centrando su interés en la acción humana, considerada tanto individualmente —ética—, como colectivamente —política—. Las sociedades y las religiones siempre han establecido qué debemos hacer y qué debemos no hacer. La Filosofía trata de fundamentar racional y argumentalmente qué es lo que hace que unas acciones sean buenas y otras, malas. Se ocupa de la justificación de las costumbres y las normas sin acudir a la tradición social ni a la moral religiosa.
Algunos filósofos griegos de la antigüedad, además de tratar los criterios que hacen una acción buena o mala, correcta o incorrecta, trataron de establecer cómo vivir una vida buena, que merezca ser vivida. Al comportamiento necesario para alcanzar la vida buena lo llamaron virtud, y a la vida plena, al florecimiento humano o a la felicidad lo llamaron eudaimonia. Según aquellos pensadores, la Filosofía era una forma de vida que debía conducir a la excelencia o areté, no un conjunto de conocimientos académicos o eruditos3. La práctica constante de la virtud es la que forja nuestro carácter y nos hace mejores seres humanos.
En todo caso, la ética se ocupa de toda clase de cuestiones relacionadas con la bondad y corrección o maldad o incorrección del comportamiento humano, la responsabilidad, la libertad, la autonomía. Puedes verlo a continuación en algunas de las preguntas típicas que se hace la ética:
- ¿Cuál es el modo de vida que conduce vida plena o a la felicidad?
- ¿En qué consiste la virtud?
- ¿Cuándo una acción tiene valor moral?
- ¿En qué consiste la responsabilidad?
- ¿Qué es la autonomía moral?
- ¿Cuál es el fundamento del bien moral?
- ¿Somos libres?
Es la Unidad V de este curso.
Filosofía política
¿Por qué tienes que obedecer una ley que no has votado, aprobada quizá antes de que nacieras y por gente a la que no conoces? Responder a eso —o negar que tengas que obedecerla— es hacer filosofía política.
Los seres humanos somos animales sociales. Por lo tanto, nuestras acciones se producen en entornos sociales y afectan a los demás. De esto se ocupa la ética, primeramente. Pero el hecho mismo de vivir en sociedad implica que no solo realizamos acciones de alcance individual, sino que tenemos que gestionar la sociedad misma para que todos podamos alcanzar una vida buena e impere la justicia. De esto se ocupa la Filosofía política.
Algunos de los asuntos más importantes de los que trata la Filosofía política son los derechos, la libertad, el poder, la legitimidad del poder, las formas de gobierno, la naturaleza del Estado. Es decir, aquellos asuntos relacionados con la vida pública, social y gregaria. Algunas de las preguntas típicas que se hace la Filosofía política son:
- ¿Cómo se justifica el poder político?
- ¿Cuál es el modelo idóneo de organización política?
- ¿En qué consiste la justicia?
- ¿Cuándo es democrático un Estado?
- ¿Son lo mismo autoridad y poder?
- ¿Cuál es la naturaleza del Estado?
Es la Unidad VI de este curso.
Estética
La belleza es parte fundamental de la experiencia humana. Para indagar racionalmente sobre ella, más allá de los gustos subjetivos y personales, surgió la estética. Su pregunta fundamental es ¿qué es la belleza? Con el tiempo, la reflexión se amplió al arte, con la pregunta fundamental de ¿qué es el arte?
Fíjate en una diferencia que convierte el asunto en un problema filosófico de primer orden. Si a ti te gusta una canción y a mí no, no parece que ninguno de los dos esté equivocado; en cambio, si tú sostienes que hacer sufrir a alguien por diversión está bien y yo sostengo que no, ahí sí parece que uno de los dos se equivoca. ¿Por qué tratamos de manera tan distinta los dos desacuerdos? ¿Es el gusto solo cuestión de gustos, o hay algo en lo que uno pueda acertar o errar?
Algunas preguntas típicas que se hace la estética:
- ¿Qué es la belleza?
- ¿Cuáles son los valores estéticos?
- ¿Es subjetiva la belleza?
- ¿Qué determina el gusto?
- ¿Proporciona el arte conocimiento?
- ¿Debe ser el arte moralmente bueno o tener una intención moralizante?
Es la Unidad VII de este curso, la última.
Como ves, a cada rama le corresponde una unidad, así que este índice es también el mapa del camino que nos queda por recorrer.
§10 · La historia de la filosofía y su canon
Historia de la Filosofía. Es muy habitual que cuando preguntes algo a un filósofo, este te salte con que «Sócrates dijo al respecto que…», o con que «Aristóteles ya estableció que…». Es muy importante conocer el origen de las ideas de nuestra cultura, y por eso la Filosofía académica —la que se practica en las universidades y se publica en libros y revistas especializadas— sigue investigando la Historia de la propia Filosofía. Traducen textos, los reinterpretan y los actualizan, trayendo sus reflexiones al presente para ayudarnos.
Quién estaba autorizado a dar razones. Dentro de esa investigación histórica hay una pregunta que la Filosofía se hace desde hace unas décadas y que va sobre ella misma: una disciplina que se define por pedir razones de todo estuvo siglos sin pedir ninguna sobre quién podía darlas. Lo institucional lo verás al hablar de la ciencia —universidades y academias cerradas por regla, no por falta de talento (§63)—, y el caso de Rousseau y Wollstonecraft lo tienes más adelante (§142). Lo que se investiga aquí es el canon: la lista de a quién se lee.
Dos episodios, y ninguna lista. En mayo de 1643, Isabel de Bohemia (1618-1680) le escribe a Descartes la pregunta que él no consigue contestar: si el alma es solo una sustancia que piensa, ¿cómo mueve entonces un cuerpo? Y cuando Descartes se apoya en la vieja noción escolástica de peso para explicarlo, ella le recuerda que él mismo la había declarado ininteligible. No le pide una aclaración: le exige coherencia con sus propios principios, que es la operación filosófica por excelencia4. En 1706, Mary Astell (1666-1731) publica una frase que es una reducción al absurdo de manual: «Si todos los hombres nacen libres, ¿cómo es que todas las mujeres nacen esclavas?»5. Y fíjate en lo que la hace fuerte: Astell no era liberal, sino tory, anglicana y desconfiada de Locke. Coge la premisa del adversario y le enseña que no aguanta cuando se aplica entera.
Y la regla vale en las dos direcciones. Lo que se investiga hoy no es engordar esa lista: la propia disciplina sostiene que no basta con añadir una filósofa o dos a las lecturas, porque al decidir qué asuntos contaban como filosóficos el canon decidió también quién podía ser filósofo6. Y el rigor no se relaja por buena causa: de varias pitagóricas cuyos nombres circulan no se conserva ni un escrito fiable, y en la Antigüedad tardía se falsificaron obras a su nombre7. Agrandar un mérito pequeño no repara el haber empequeñecido otro: comete el mismo error con el signo cambiado. Vale aquí la misma regla que en la ciencia: una aportación se mide por lo que aportó.
§11 · Los temas actuales de la investigación filosófica
Todas las ramas que hemos tratado más arriba siguen desarrollándose vigorosamente, sugiriendo nuevas ideas, perspectivas y hallazgos.
Naturalmente, si la Filosofía quiere seguir siendo relevante en 2026, tendrá que tratar los temas, los problemas y las preocupaciones actuales, más allá de continuar con las discusiones más técnicas y tradicionales de la disciplina.
Ética aplicada. Uno de los ámbitos más prolijos es la ética, y es que en nuestro mundo no faltan ámbitos problemáticos en los que no sabemos qué actuación es la correcta, la buena o incluso la deseable, tanto individual como colectivamente. La injusticia social y la distribución de la riqueza; la representatividad política; el crecimiento del uso y el abuso de los recursos naturales de la Tierra; la contaminación y el calentamiento global antropogénico8; la clonación humana y la edición y selección genética de nuestros descendientes; la ampliación de las capacidades humanas mediante la tecnología y el transhumanismo; las fake news y la manipulación del discurso público. Estos y otros muchos temas y problemas tienen una clara dimensión ética. No es labor ni responsabilidad de los filósofos resolver estos problemas ellos solos, pero sí debemos aportar razones, argumentos y perspectiva crítica a todos estos asuntos. Además, tenemos unas herramientas privilegiadas para poder guiar las líneas de investigación, definir los problemas realizando preguntas adecuadas e influir en las decisiones políticas aportando criterios éticos claros y relevantes.
Tecnología y realidad. El gran desarrollo de la sociedad y de la tecnología nos sume en constantes cambios que transforman la realidad y nuestra percepción de la misma de forma muy profunda. Piensa en la agricultura que nos alimenta a todos; en la medicina que nos mantiene vivos y saludables; en la física, que nos habla de universos paralelos o infinitos; o en la realidad virtual, que nos transporta a mundos antes tan solo imaginados pero cada vez más indistinguibles de nuestra percepción y nuestra imaginación.
Metafísica y física teórica. Los cambios son de tal calibre que los metafísicos no pueden ignorar las últimas propuestas de la física teórica o las últimas pruebas aportadas por el Gran Colisionador de Hadrones del CERN. Cuando Aristóteles o incluso Descartes propusieron sus teorías metafísicas no contábamos con los descubrimientos científicos actuales. No está en nuestra mano realizar los experimentos del GCH, pero sí debemos conocer sus resultados y trasladarlos a la reflexión filosófica: ¿qué implicaciones tendría para los seres humanos la demostración de que existen Universos paralelos?
Inteligencia artificial y consciencia. La inteligencia artificial (IA) nos interpela directa y personalmente, no solo porque parece que los ordenadores alcanzarán nuestra potencia de pensamiento, sino porque nos hace preguntarnos si gracias a ello llegarán a ser conscientes. Y, si lo fueran, ¿los deberíamos tratar como a seres humanos, incluyéndolos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Deberíamos dejar las decisiones técnicas y políticas en máquinas que piensan más rápido y mejor que nosotros y que, además, no se equivocan? Podemos aportar reflexión sobre qué es la inteligencia, en qué consiste la humanidad y qué tipo de límites debiéramos imponer al desarrollo de la IA. La pregunta sobre la consciencia no se limita a si el resto de los animales la tienen o no, sino que también nos afecta a nosotros: ¿qué es la consciencia?
Los otros animales. La biología, la etología y la neurología nos descubren aspectos del sistema nervioso de los animales que nos hacen plantearnos si no estarán más próximos a nosotros de lo que hasta ahora pensábamos. Aunque no tengan la capacidad para el lenguaje articulado de los seres humanos, ¿debemos respetar su vida en virtud de su capacidad de sentir dolor?
Neurociencia y libertad. Los descubrimientos de la neurología sobre cómo funciona nuestro cerebro y cómo tomamos decisiones sugieren que quizás lo que consideramos decisiones conscientes no son más que tomas de consciencia de «decisiones» que nuestro sistema nervioso ha tomado ya. Si fuera así, ¿somos realmente libres?
Podríamos seguir desarrollando una larga lista de temas y de problemas que surgen de los avances en el conocimiento científico y sus aplicaciones tecnológicas, pero creo que ya te has hecho una buena idea de que la Filosofía tiene mucho que aportar a todos los órdenes de la vida actual, tanto social como individualmente.
§12 · Para qué sirve hoy la filosofía
La Filosofía se ha transformado mucho a lo largo de su historia. No era lo mismo reflexionar en la Grecia de Platón que en el mundo del siglo XXI: son muy distintos los conocimientos científicos y técnicos, y también la forma de vida, las costumbres y los modos de gobierno.
De la Filosofía se desgajaron las ciencias naturales durante la Revolución Científica del siglo XVII y la Psicología en el siglo XIX. Así, el estudio de la Naturaleza, la realidad y la mente humanas depende fundamentalmente de otras disciplinas, y el espacio de la Filosofía parece irse reduciendo a la ética, a la política, a la lógica y a la estética.
A pesar de estos cambios, la naturaleza humana sigue siendo la misma, y la necesidad de una mirada racional, abstracta y crítica es tan necesaria como siempre. Esa es la aportación que siempre hizo la mejor Filosofía y que hoy puede y debe seguir realizando. Más aún cuando nuestra vida es más complicada que nunca y nuestra atención está sobreestimulada y dispersa.
Mirada holística y radical. Es decir, que aunque necesariamente tenga que fijarse en los detalles, su perspectiva pretende abarcar lo general, si no toda la realidad9. Es una cuestión de zoom: la especialización del conocimiento y la enorme diversidad de opciones que tenemos nos hace ampliar el zoom tanto que perdemos la perspectiva general, la gran imagen del paisaje. Un médico, por ejemplo, no tiene tiempo en una vida entera para aprender toda la medicina, así que ha de especializarse en órganos o patologías cada vez más pequeños y pierde precisión sobre las áreas adyacentes. Y a nosotros nos pasa lo mismo en la vida personal: nos enzarzamos en los detalles y perdemos de vista en qué consiste una vida buena.
La Filosofía no es radical porque sea extremista, dogmática, ideológica o integrista. ¡Todo lo contrario! Es radical porque acude a la raíz de las cosas, o, al menos, lo pretende. Cuando miramos solamente nuestra realidad personal, inmediata y particular —o cuando nos identificamos excesivamente con un grupo político, cultural o religioso— nuestra mirada es muy corta y adoptamos una perspectiva sesgada de la realidad. Por eso la Filosofía trata siempre de elevarse, de mirar lo que es común a todos nosotros: tras la manifestación aparentemente individual de nuestros problemas —el miedo, la ansiedad, la incertidumbre, la culpa— se encuentra la humanidad compartida.
Valoración de la razón y de las razones. Puede parecer que vivimos en un mundo hipertecnológico en el que la ciencia, la tecnología y la razón invaden y condicionan todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. La Filosofía se preocupa por el uso correcto y adecuado de la razón: junto con la forma correcta de pensar —el cómo— también nos plantea los por qués —motivos y justificaciones— y los para qués —objetivos y finalidades—. La razón debe reflexionar también sobre sí misma para no perderse o convertirse en malvada; en nombre de una mal entendida Razón se han cometido muchos atropellos. Pero la solución de sus excesos no puede llevarnos a la sinrazón o a la pura emoción: ni una ni otra tienen la capacidad de analizarse a sí mismas y fijarse objetivos.
Echando un ojo a la ciencia. Dónde acaba el terreno de la ciencia y empieza el de la Filosofía lo verás enseguida, con detenimiento (§15); quédate aquí con una sola consecuencia. De todas las cosas que puede investigar la ciencia, ¿cuáles debieran tener prioridad? ¿Qué debemos financiar antes, la vacuna contra la malaria o la forma en que (los millonarios) puedan congelar sus cuerpos? La decisión no puede provenir de la ciencia misma, sino de la ética.
Pensamiento crítico. El pensamiento crítico no puede enseñarse como una habilidad ni, en la medida en que se obtiene, trasladarse a diversos campos del conocimiento. Entonces, ¿por qué tratarlo en clase de Filosofía? Porque es función directa del conocimiento profundo de una cuestión: cuando sabemos mucho y bien sobre algo en concreto, somos conscientes de lo que nos queda por saber y de si una información nueva es razonable y plausible o no.
Yo, personalmente, no sé nada sobre mecánica cuántica, así que me será imposible valorar la verdad de una afirmación hecha en su nombre. En cambio, si eres experto en videojuegos, fútbol o cine, ahí sí podrás decir: «esto no me encaja», «me la están intentando colar aquí» o «esto no tiene sentido porque…». Aun así, la Filosofía nos puede aportar criterios sobre el conocimiento verdadero y pautas de «higiene intelectual» —o, si lo prefieres, «buenas prácticas de pensamiento»—, que para ser eficaces siguen necesitando el conocimiento profundo de la materia.
§13 · Filosofía y educación
Qué te da esta asignatura. Todo lo anterior deja una pregunta en el aire, y es justa: ¿qué hace exactamente la Filosofía en tu formación, si no te entrega información que puedas usar mañana? Te da otra cosa, y no menor. Las demás asignaturas te enseñan cosas del mundo; esta te enseña a examinar cómo sabes lo que crees saber, qué vale un argumento y qué estás dando por supuesto sin haberte dado cuenta. Y no es que sea la única que te cambia la manera de mirar —las matemáticas, la historia o la historia del arte también te la cambian, y mucho—: es que aquí esa manera de mirar es el objeto de estudio, y no el instrumento.
Enseñar filosofía y enseñar a filosofar no son lo mismo. Se puede aprender qué sostuvo Platón, en qué siglo y en qué diálogo, aprobar el examen y no haber filosofado ni un minuto. Immanuel Kant lo dejó dicho en una fórmula que verás más adelante, Sapere aude!, «¡atrévete a pensar!» (§56): la capacidad de razonar por uno mismo hay que usarla, y quien te da doctrinas para memorizar te está tratando exactamente como aquello de lo que Kant quería sacarte. Por eso este libro te pregunta tanto y te resume tan poco, y por eso los resúmenes te tocan a ti.
Y esto no empieza a los diecisiete años. Ya viste al abrir el curso que los niños preguntan «¿y eso por qué?» sin cansarse, y que dejan de hacerlo no porque hayan encontrado respuestas, sino porque al crecer se ocupan de otras cosas (§01). No es una anécdota simpática. Desde los años setenta existe un movimiento —la filosofía para niños, que puso en marcha Matthew Lipman— dedicado a mostrar que una clase de diez años sostiene una discusión filosófica de verdad, con su lógica, su metafísica y su ética dentro, y que la vieja idea de que hay que esperar a cierta edad para pensar en abstracto no se sostiene10. Así que tú no estás empezando ahora: estás retomando algo que hacías bien y dejaste de hacer.
§14 · La filosofía como forma de vida y como crítica social
La dimensión ética. La ética es una de las grandes ramas de la Filosofía plenamente vigentes y con mayor solidez. Sin duda, las religiones (§16) y el derecho (§16) también tratan cuestiones éticas, pero lo hacen con puntos de partida, criterios y recursos muy distintos. Es la disciplina mejor posicionada para reflexionar sobre cuál es el comportamiento bueno o correcto, cuáles son los valores y cuáles los disvalores, y cómo lograr una vida que merezca la pena ser vivida.
Filosofías de vida. Uno de los retos de la Filosofía es ir más allá del conocimiento erudito sobre lo que los filósofos pensaron a lo largo de la historia. Es legítimo plantearse: «vale, muy bien, pero todo esto que dicen los filósofos, ¿a mí cómo me afecta? ¿Para qué me sirve?». No te falta razón. Ahí es donde entran las filosofías de vida, el aspecto práctico de la Filosofía: dotarnos a nosotros mismos de un «mapa para la vida» basado en la razón y en razones, en oposición a la costumbre, la superstición o la religión. Por eso resurgen hoy el estoicismo y el epicureísmo, que nos aportan una plantilla para vivir sin depender de instituciones que tienden al dogmatismo.
Entenderse a uno mismo y transformarse. Por esa misma vía, la Filosofía está en una posición privilegiada para ayudarte a comprenderte a ti misma: utiliza la razón, se apoya en las aportaciones de la neurociencia y la psicología, y se preocupa por el sentido de la vida y por el propósito de nuestra existencia. ¡No se puede pedir más!
Poder de transformar la sociedad. La Filosofía no trata sobre individuos, tú incluido, de forma aislada. Somos seres constitutivamente gregarios: ser sociales es parte de aquello que somos, y las circunstancias históricas en las que vivimos nos afectan sobremanera. Volvamos a tomar conceptos como la justicia, la igualdad, el sentido y el propósito y apliquémoselos a la sociedad en su conjunto y al gobierno. La Filosofía puede ayudarnos a establecer mejores objetivos sociales, a crear gobiernos legítimos y a criticar la realidad social cuando esta no garantiza la dignidad humana.
Nos resulta muy difícil, cuando no imposible, conocer el pensamiento de los primeros filósofos, ya que nos han llegado pocas obras de ellos. En algunos casos solo conservamos fragmentos o, peor aún, comentarios de filósofos posteriores que leyeron a sus predecesores o que oyeron hablar de ellos.↩︎
La física actual no trata solo sobre la materia en el sentido de objetos sólidos, corpóreos, duros, sino que también trata sobre la energía y de la relación entre ambas.↩︎
Según el filósofo estoico Musonio Rufo, por ejemplo, la Filosofía es más difícil de aprender que otras materias, pero es más importante porque corrige los errores en el pensamiento que nos llevan a los errores en la acción.↩︎
El intercambio se abrió por iniciativa de ella en 1643 y se prolongó después durante años. La discusión sigue viva: se discute incluso si Isabel defendía una alternativa al dualismo o solo mostraba que el dualismo no cerraba. Shapiro, L. (2021). Elisabeth, Princess of Bohemia. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Fall 2021). https://plato.stanford.edu/archives/fall2021/entries/elisabeth-bohemia/↩︎
Prefacio añadido a la tercera edición de Some Reflections upon Marriage, obra publicada por primera vez en 1700. La frase «todos los hombres nacen libres» la toma Astell de Locke, aunque no dice de dónde. Broad, J. 2014. Mary Astell on marriage and Lockean slavery. History of Political Thought, 35, 4, 717-738.↩︎
Witt, C., Shapiro, L., Van Dyke, C. y Robinson, M. (2025). Feminist History of Philosophy. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Winter 2025). https://plato.stanford.edu/archives/win2025/entries/feminism-femhist/↩︎
Huffman, C. (2024). Pythagoreanism. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Spring 2024). https://plato.stanford.edu/archives/spr2024/entries/pythagoreanism/↩︎
Es decir, el generado por la acción humana.↩︎
Holístico significa global, general, que lo abarca todo, en oposición a lo concreto, lo parcial y lo particular.↩︎
Lipman fundó el movimiento preocupado por la mala calidad de la argumentación en el debate público, y escribió novelas para el aula con las que probarlo. La psicología del desarrollo daba entonces por bueno que los preadolescentes no podían con ello; el filósofo Gareth Matthews documentó lo contrario recogiendo las preguntas que los niños se hacen solos. Pritchard, M. (2022). Philosophy for Children. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Summer 2022). https://plato.stanford.edu/archives/sum2022/entries/children/↩︎