Tema 26 · La ética estoica

Es propio del ignorante culpar a otros de lo que a él le va mal; del que empieza a instruirse, culparse a sí mismo; y del ya instruido, no culpar ni a otro ni a sí mismo.

—Epicteto, Enquiridión, 5 · traducción de Claude, del griego

Si se ha de llamar apatheia a aquello en que ningún afecto puede tocar el ánimo, ¿quién no juzgará que ese embotamiento es peor que todos los vicios?

—Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, XIV, 9 · traducción de Claude, del latín

§98 · Vivir de acuerdo con la naturaleza

La crisis helenística. La vida no es fácil. Una pandemia, una guerra, una crisis económica detrás de otra; la tecnología y nuestras vidas, cada vez más frenéticas y complicadas, están en continua transformación; y todo esto parece suceder encima de una crisis social y de valores que hace que la desigualdad económica crezca, todos discutamos con todos, estemos a la que salte y nos quede la sensación de que todo se va al garete.

Sin embargo, la humanidad se ha enfrentado muchas veces a situaciones semejantes o peores. El cambio y la incertidumbre han marcado muchos momentos de nuestro pasado, y sus coetáneos desarrollaron estrategias para capearlos. Uno de esos momentos fue la época helenística de la Antigua Grecia. Imagínatelo. La civilización griega había llegado a su cumbre con Alejandro Magno, cuyo imperio se extendía desde Grecia hasta la India. Parecía que la sociedad que había creado la Filosofía y la democracia se iba a comer el mundo. Y entonces Alejandro muere con 33 años y su imperio queda dividido entre sus generales, que se pelean por los despojos. El futuro pasó de ser brillante a no ser.

La Filosofía se adaptó a la nueva circunstancia: surgieron diversas corrientes, cada cual con una propuesta distinta ante la incertidumbre. Destacan el escepticismo, el cinismo, el epicureísmo y el estoicismo. Exploraremos esta última: una receta de la antigüedad que tiene mucho que decirnos sobre la vida moderna.

¿Qué hacer ante la incertidumbre? ¿Cómo nos podemos enfrentar al peligroso futuro? ¿Cómo podemos ser felices rodeados de injusticia, sufrimiento y mentira? Los estoicos lo tenían claro: viviendo en sintonía con la naturaleza humana. Es decir: viviendo en sociedad siguiendo el dictado de la razón1.

El universo racional o logos. Creían que el Universo está organizado conforme a la razón o logos. Nada raro para unos filósofos, ¿verdad? Si los acontecimientos de nuestra vida no respondieran a causas que podamos comprender, ¿cómo sabríamos cuál es la mejor forma de actuar? Y si el mundo está organizado racionalmente y nosotros estamos dotados de razón, entonces la razón es justamente el instrumento que nos permite comprender esa organización y adaptarnos a ella2.

Nadar a favor de corriente. El planteamiento es muy simple: nademos a favor de la corriente del río. Nadar río arriba cansa y acaba igual, arrastrados corriente abajo pero con sufrimiento añadido. Ojo, que dejarse llevar no es cerrar los ojos: para bajar bien un río hay que conocerlo y esquivar las piedras. Actuar con arreglo a la naturaleza humana exige por eso dos cosas, conocerla primero y ser persistente después, porque ir a favor de corriente no quiere decir que no haya obstáculos.

§99 · La dicotomía del control

¿Por qué sentimos vergüenza ajena? Al fin y al cabo no son nuestras acciones las que nos están provocando esa emoción, sino las de otra persona, y las acciones de otro no son nuestra responsabilidad, precisamente porque no tenemos control sobre ellas. Y, sin embargo, nos angustiamos, nos enfadamos, nos asustamos y nos fastidiamos por infinidad de cosas que escapan a nuestro control pero que no reconocemos que no controlamos.

Un día de playa frustrado. Imagina que has planeado un día de playa con una amiga y que, cuando el día pinta bien, se forma una galerna: frío, viento y lluvia. Se te amarga el humor y piensas «vaya mierda, con lo bien que iba». Te cabreas porque se han truncado tus expectativas. Si tu amiga es estoica reaccionará distinto. Puede que también le surja el enfado, porque los estoicos son seres humanos y no desprecian las emociones; pero se dirá: «las nubes y el viento no están bajo mi control, así que no tiene sentido enfadarme; y sigo siendo dueña de mi voluntad, con lo que sigo siendo dueña de mí misma».

Lo que depende de nosotros y lo que no. Los estoicos enseñaban que respecto a nuestro control sobre las cosas existe una dicotomía o una división en dos partes: existen las cosas que controlamos y las que no controlamos. La sabiduría consiste en saber diferenciar ambas, ya que es inútil o incluso contraproducente tratar de controlar lo incontrolable y el bienestar y la felicidad se alcanzan dominando lo controlable. El criterio para separarlas es claro: controlamos nuestra mente y no controlamos el resto de las cosas, incluido nuestro cuerpo. En palabras de Epicteto, en el Enchiridion, I:

Hay cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están. Bajo nuestro control se hallan las opiniones, las preferencias, los deseos, las aversiones y, en una palabra, todo lo que es inherente a nuestras acciones. […]

—Epicteto, Enquiridión, 1

§100 · Las cuatro virtudes estoicas

El estoicismo es una ética de la virtud porque en lugar de prescribirnos valores o reglas considera que lo primordial es forjar nuestro carácter. Y forjar el carácter no es un acto, sino un hábito: eliges bien una vez, y otra, y otra, hasta que elegir bien deja de costarte esfuerzo y pasa a ser, sencillamente, quien eres. Si logramos interiorizar y practicar las cuatro virtudes —sabiduría práctica, coraje, justicia y templanza—, nos convertiremos en personas íntegras. Veamos cuáles son.

Sabiduría práctica o phronesis

Se trata de la capacidad para distinguir lo bueno, lo malo y lo indiferente en la vida, capacidad imprescindible para tomar la mejor decisión en cualquier circunstancia.

Ya hemos dicho que el objetivo estoico es vivir de acuerdo con la naturaleza. Pues bien, el requisito indispensable para lograrlo es, precisamente, conocer dicha naturaleza y así poder determinar en qué consiste actuar bien y actuar mal en cada caso. De ahí que la sabiduría práctica sea la más importante de las cuatro virtudes, la que las dirige.

No se trata de obtener una erudición enciclopédica. No hace falta ser médico para saber que conviene comer mejor y hacer algo de ejercicio, y aun así es muy posible que esta tarde te apetezca más el sofá y Netflix que bajar a jugar un partido. La sabiduría no consiste en saber qué te conviene, que eso es lo fácil: consiste en que hagas eso que ya sabes que te conviene. De ahí lo de sabiduría práctica.

Coraje o andreia

Casi nunca es fácil actuar correctamente. Si ya resulta difícil saber cuál es la acción buena en cada momento, aún lo es más tener el coraje de ejecutarla. La acción correcta es a menudo más esforzada y más costosa que dejarse llevar por la apetencia del momento, y además puede granjearnos la enemistad de otros.

El concepto de andreia incluye también aguante: el coraje permite afrontar el miedo y el dolor, y no se desarrolla sin haberse enfrentado a ellos. Séneca lo dijo en una línea: «La virtud se marchita sin adversario; solo se ve cuánta es y cuánto puede cuando muestra de qué es capaz la resistencia»3. Pero saber cuándo toca ser valiente y cuándo no ya no es coraje: es la sabiduría práctica, que dirige también a esta.

Justicia o dikaiosyne

Cuando los estoicos hablan de justicia no se refieren a las leyes y a los tribunales, sino a la moralidad: es la sabiduría práctica aplicada a lo que hacemos con los demás y con la sociedad. Aquí hay una tensión que conviene ver. El estoicismo propone una virtud personal, porque solo sobre nosotros mismos podemos actuar directamente; los demás están fuera de nuestro control.

Y sin embargo no es una ética egoísta, porque vivir conforme a la naturaleza humana era, ya lo hemos visto, vivir en sociedad. Nos insta a ayudar a los demás y a considerar el efecto social de lo que hacemos. Por eso dijo Marco Aurelio que «lo que no es bueno para la colmena, no es bueno para la abeja».

Templanza o sophrosine

La templanza no está de moda: lo bien visto es consumir más, gastar más y tener más. Por eso choca que unos pensadores de la Antigüedad nos digan que lo suficiente es mejor que lo más.

No se trata de donar o de regalar nuestras riquezas, como si fuéramos monjes. A fin de cuentas, Séneca (4 a. e. c.-65 e. c.) fue uno de los más ricos ciudadanos de Roma y Marco Aurelio (121 e. c.-180 e. c.) fue emperador; Zenón de Citio (336 a. e. c.-264 a. e. c.), en cambio, fue un mercader que perdió todo su dinero en un naufragio, y Epicteto (55 e. c.-135 e. c.) fue esclavo. Lo importante es que te des cuenta de que estas cuatro personas de fortuna y destino tan desigual decían que su felicidad y su bienestar eran independientes de su situación material.

No es predicar la pobreza ni rehuir la riqueza, sino combinar el aprecio por lo que se tiene con la ausencia de deseo de lo que no: conformismo, sí, pero en el mejor sentido. Y cuánto es bastante lo dice, otra vez, la sabiduría práctica.

§101 · El sabio estoico: eudaimonia y apatheia

Eudaimonia. Los estoicos aspiraban a la eudaimonia —la misma palabra con la que Aristóteles nombraba el fin de la vida buena (§95)—, que podemos traducir como buena vida, bienestar, dicha o felicidad. Incluso como florecimiento. Como no podemos reducirla a ninguno de esos vocablos castellanos, seguiré utilizando el griego: es el estado que alcanzamos cuando nuestra vida es plena y actuamos de acuerdo con nuestra naturaleza racional. Y cuando digo actuar, me refiero también a las pasiones y a las emociones, que son la forma en la que experimentamos la realidad. Los estoicos llegan los últimos a una discusión que vienes siguiendo desde la personalidad (§42) y la ética (§92), y son los que más lejos la llevan: someten las emociones a juicio.

No todas las emociones son iguales. En el español actual, pasión significa casi siempre una «inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona». Para los estoicos, en cambio, la pasión o pathos se asemeja más a las otras acepciones del DRAE: «acción de padecer», «lo contrario a la acción», y «perturbación o afecto desordenado del ánimo». Por lo tanto, la pasión es lo que nos pasa, en oposición a lo que nosotros realizamos activamente.

Si un león nos sale al encuentro, palideceremos y se nos acelerará el pulso. Los estoicos nos dirán que esa reacción instintiva, inmediata, fisiológica, es inevitable4. El miedo, en cambio, es una reacción de segundo orden, que viene después, cuando ya la hemos procesado… de manera incorrecta: es una expectativa irracional de algo malo o dañino. Por eso el estoico entrenado no sentirá miedo ante el león, sino precaución: una eupatheia, la emoción que resulta de haber juzgado bien. La correspondencia se repite en cada caso: al miedo, que es la expectativa irracional de un daño, le responde la precaución, que es la aversión razonada a lo que daña de verdad; al ansia, el deseo sereno; al placer desbocado, el deleite. Y al dolor no le responde nada, porque para un estoico no hay dolor racional: si duele, es que se ha juzgado mal.

Apatheia. Los estoicos pretendían alcanzar el estado de apatheia o de «no-sufrimiento». Aunque ha dado «apatía» en castellano, su significado original se acerca más al de ecuanimidad5, «igualdad y constancia de ánimo».

Que no nos arrastren el dolor ni el miedo nos parece razonable; más difícil de tragar para la persona del siglo XXI es que tampoco debamos dejarnos llevar por la euforia y la buena suerte. ¿Por qué no celebrar los éxitos? Porque las emociones intensas nos desestabilizan y nos sacan de esa paz mental. El objetivo del estoico no es suprimir las emociones, sino transformar nuestras reacciones emocionales por medio de la razón, eliminando las negativas.

§102 · Crítica al estoicismo

El estoicismo fue muy popular en la Antigüedad, tuvo una segunda época de esplendor en el Renacimiento y hoy vive un resurgimiento; a mediados del siglo XX influyó además en el nacimiento de la terapia cognitivo-conductual. Podemos señalar, sin embargo, diversos problemas en el pensamiento estoico. Entre otros:

  • El estoicismo no solo es una propuesta ética: también tiene una física —una explicación de cómo funciona el universo— materialista y determinista que no es accesoria, sino la base sobre la cual se erige la ética. Y la física actual no es —no podría ser— la misma que la de los estoicos.
  • Quizás sea imposible alejarnos completamente de nuestras reacciones emocionales y continuar siendo racionales: hoy la psicología nos explica que nuestras emociones están mezcladas con nuestra razón. Además, ¿cómo mantenernos incólumes ante el asesinato de nuestros padres? De saber que algún día morirán a pretender que no nos afecte el dolor de su pérdida va un buen trecho.
  • Lo que consideramos racional está atravesado por sesgos, heurísticos y toda clase de «impurezas», de forma que no es tan racional como nos gustaría pensar que es.
  • Los estoicos dividían tajantemente la realidad entre las cosas que podemos controlar y las que no. Pero podemos postular una tercera categoría: aquellas en las que podemos influir parcial o incompletamente. No podemos suplantar la voluntad del otro, pero sí influir en sus acciones y pensamientos.
  • Ser un sabio estoico con todas las de la ley debe ser estupendo, pero la mayor parte de la gente nos quedaremos muy lejos de semejante altura moral, y practicado a media potencia el estoicismo corre el riesgo de convertirnos en apáticos o antisociales, más por omisión que por acción.

Y una objeción más, que no va contra los estoicos. Va contra lo que hoy se vende con su nombre. Busca «estoicismo» donde quieras y encontrarás sobre todo consejos para aguantar: no te quejes, controla lo que puedas, endurécete, madruga. De una escuela que sostuvo que el universo entero es racional, que la virtud es el único bien verdadero y que la justicia es una de las cuatro virtudes, queda un método para no sufrir en el trabajo. Fíjate en lo que se cae por el camino, porque es justo lo que la hacía Filosofía: la física que sostenía la ética, la obligación de ocuparse de los demás, y la idea de que las emociones son juicios y por tanto pueden ser acertados o equivocados, no solo intensos o llevaderos. Un estoicismo sin cosmos y sin justicia no es el estoicismo resumido: es otra cosa que usa su nombre. Cuando te lo encuentres, hazle la prueba: pregúntale qué dice sobre lo que le debes a los demás.


  1. Verás que vivir en sintonía con la naturaleza no significa retirarse a una cueva o una cabaña en el bosque, sino de acuerdo con la forma de ser del ser humano, reconociendo nuestro lugar en el mundo y la sociedad y amoldándonos a él.↩︎

  2. «¿Qué hay de propio en el hombre? La razón; y esta, recta y consumada, colma la felicidad humana». Séneca, Epístolas a Lucilio 76, 10 · traducción de Claude, del latín.↩︎

  3. De la providencia 2, 4 · traducción de Claude, del latín.↩︎

  4. Los estoicos la llamaban própatheia. El nombre no te hará falta; la idea sí, porque es esa distancia entre la reacción y el juicio que viene después la que trabaja la terapia cognitivo-conductual de la que hablaremos al cerrar el tema.↩︎

  5. No implica que el sabio carezca de sentimientos, sino que no se deja llevar por las malas emociones.↩︎