Tema 2 · Del mito al logos

Pastores del campo, míseras afrentas, vientres tan solo: sabemos decir muchas mentiras semejantes a verdades, y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad.

—Hesíodo, Teogonía, 26-28 (hablan las Musas) · traducción de Claude, del griego

Pero si los bueyes, los caballos y los leones tuvieran manos y pudieran pintar con ellas y hacer obras como los hombres, los caballos pintarían figuras de dioses semejantes a caballos, y los bueyes semejantes a bueyes, y harían sus cuerpos tales como cada uno tiene el suyo.

—Jenófanes de Colofón, fragmento B15 (Diels-Kranz), citado por Clemente de Alejandría, Stromata, V · traducción de Claude, del griego

§04 · La visión mítica del mundo

Utilizamos el término mito en el lenguaje de la calle. Sorprendentemente tiene dos significados opuestos. Por un lado lo usamos para describir algo que nos parece muy bueno o fuera de serie, como cuando decimos: «¡Messi es un futbolista mítico! ¿Cómo es posible que no lo conozcas?». Por otro, tiene la acepción de mentira, como cuando decimos: «la existencia del Yeti es un mito» o «es un mito que no te debas bañar hasta una hora después de comer».

Nosotros le vamos a dar un significado más profundo, que trataré de aclarar gracias a la aportación de la antropología social.

Definición de mito. Los mitos son narraciones de origen desconocido repletas de símbolos, relacionados muchas veces —que no siempre— con creencias religiosas. A diferencia de los cuentos y las fábulas, son historias sagradas que explican cómo han llegado a ser como son el mundo y la humanidad. De ahí procede la posible conexión con la religión.

Ser historias repletas de símbolos distingue a los mitos de los cuentos y las leyendas. No estamos hablando de las aventuras de Caperucita Roja; pero aunque fueran aparentemente cuentos como ese, habría que (re)interpretarlos. Que sean historias sagradas implica que tienen una tremenda importancia para quienes las cuentan y las representan.

Los cuatro criterios de Honko. Lauri Honko (1932-2002) estableció cuatro criterios para identificar y definir los mitos:

  1. Forma. Los mitos son relatos o narraciones que pueden contarse y dramatizarse.
  2. Contenido. Su contenido es sagrado y está relacionado con seres sobrenaturales o fantásticos.
  3. Función. Dan explicación del mundo, la naturaleza, los seres humanos y las instituciones sociales, y sirven de modelo de comportamiento: indican a la vez la conducta adecuada y su justificación.
  4. Contexto. Están estrechamente unidos a los ritos. No son pasatiempos: al contarlos o representarlos —a modo de teatro— cobran vida y nos convierten en testigos de hechos importantes del pasado.

Los mitos son transmisores principales de cultura —por medio de ellos se erigen los símbolos sagrados— y están unidos a la experiencia y explicación de las fuerzas incontrolables. Cuentan historias sagradas sobre seres sobrenaturales o héroes poderosos que son, a menudo, dioses y, a diferencia de las leyendas, tratan de los tiempos primigenios y de cosas que quedan aparte de la vida diaria: explican la naturaleza de la naturaleza, el origen de la humanidad y del universo, la vida post mortem, la existencia de dioses y espíritus, el origen de la muerte, el fuego, los animales o las plantas, y el porqué de las instituciones sociales y los fenómenos humanos —la guerra, el matrimonio, los sacrificios, la injusticia, el sufrimiento—.

Mircea Eliade (1907-1986) añadió a esto lo decisivo: el mito se refiere siempre a una creación —cuenta cómo algo ha llegado a la existencia, o cómo se han fundado un comportamiento, una institución o una manera de trabajar—, y por eso constituye el paradigma de todo acto humano significativo. Conocer el mito es conocer el origen de las cosas, y ese conocimiento no es «exterior» ni «abstracto»: se vive ritualmente, ya al narrar ceremonialmente el mito, ya al efectuar el ritual para el que sirve de justificación1.

La verdad de los mitos. Tratar los mitos como historias fantásticas no es cosa nueva. Los antiguos griegos ya ponían en duda su veracidad allá por los siglos VI-V a. e. c. y los tenían por contrarios al discurso racional. Sin embargo, aunque los mitos no puedan verificarse empíricamente, son tenidos por ciertos por las personas que los utilizan.

Los occidentales vemos el mundo a través de categorías dicotómicas: realidad/irrealidad, natural/sobrenatural, cierto/falso. Por contra, para muchas otras culturas las experiencias cotidianas, los sueños y el pensamiento mítico son parte de una única realidad.

De ahí que su importancia no resida en si dan cuenta o no de realidades fenoménicas, como hace la ciencia. Creer en los mitos nos da una perspectiva sobre el mundo; se convierten así en punto de partida del discurso intelectual y la interacción social. Y, aunque se tengan por inalterables, van cambiando sin que haya voluntad o intención consciente de que así sea.

Los mitos no son expresiones puramente poéticas de fenómenos de la naturaleza ni una clase de ciencia primitiva. A veces se los ha visto como una enfermedad del pensamiento, como si las personas de las sociedades tradicionales fueran incapaces de comprender el pensamiento abstracto. Ernst Cassirer (1874-1945) decía que tanto el pensamiento científico como el mítico tratan de establecer relaciones entre causas y efectos, pero que este lo hacía de forma simbólica.

Claude Lévi-Strauss (1908-2009) fue más lejos: no existen diferencias fundamentales entre el pensamiento mítico y el científico, en tanto que ambos utilizan la lógica cuando tratan sobre las relaciones en el mundo de la experiencia. El mito no sería, pues, un conocimiento precientífico, sino otra dimensión: contiene una lógica interna que refleja el funcionamiento de la mente humana.

Por qué la filosofía se ocupa del mito. Pero ¿por qué estamos tratando los mitos en la asignatura de Filosofía?

Por un lado, los mitos han conformado el pensamiento sobre el mundo y sobre el ser humano a lo largo de la larga historia de nuestra especie2. Han tenido enorme importancia, hasta el punto de que el pensamiento mítico es parte de nuestra estructura intelectual. Aunque hemos creado modos alternativos de interpretación del mundo —la filosofía y la ciencia—, estos no han sustituido al pensamiento mítico: el sustrato de nuestro pensamiento está compuesto por lo mítico, sobre lo que se han añadido los recursos de la filosofía y la ciencia.

Por otro lado, cuando surgió la filosofía tuvo que enfrentarse al pensamiento mítico para resaltar las características distintivas de la nueva forma de pensar, hasta el punto de declarar que lo había sustituido. Los mitos representaban la forma antigua de pensar, y la filosofía, la nueva; por eso había que desterrar aquella.

Con el paso del tiempo, los analistas de la historia de la filosofía han mantenido esta interpretación. Hemos de admitir, sin embargo, que algunos de los primeros filósofos se sirvieron de mitos para explicar su pensamiento, y que la distinción no es tan clara, inmediata y consciente como a veces la presentamos los profesores de Filosofía.

Hoy, según algunos, la ciencia pretende la exclusividad —o al menos la prioridad— en la explicación del mundo, y para ello no se basa solo en méritos propios, sino que a veces condena otras formas de interpretarlo. Pero la persona dotada de verdadera mentalidad científica suele estar abierta a la complejidad del ser humano y del mundo, y acepta que para hacer frente a la vida es necesario algo más que la ciencia.

Queda entonces la pregunta que abre el resto del tema. Si el pensamiento mítico no desapareció, ¿qué fue exactamente lo que cambió en aquellas colonias griegas del siglo VI a. e. c.? No cambió el asunto: las preguntas siguieron siendo las de siempre —de dónde viene el mundo, por qué morimos, por qué las cosas son como son—. Tampoco cambió de golpe la gente, que siguió acudiendo a las procesiones y contando a sus hijos las mismas historias. Lo que cambió fue qué se acepta como respuesta.

Al mito le basta con haber sido contado. La explicación viene avalada por quien la transmite —los mayores, el sacerdote, el rito que la representa— y esa autoridad es toda su garantía; preguntarle «¿y tú cómo lo sabes?» no es una impertinencia, es una pregunta que no tiene sitio donde caber. A la nueva manera de pensar, en cambio, no le basta. Exige que la explicación venga acompañada de razones, y acepta de antemano que cualquiera pueda traer razones mejores y derribarla. Fíjate bien en lo que eso supone, porque es el asunto de todo el curso: una explicación que se ofrece para ser examinada, no para ser creída. Ahí está el corte. Es menos espectacular de lo que suele contarse y no separa a los crédulos de los lúcidos, pero no es poco: es la diferencia entre heredar una respuesta y tener que defenderla.

A esa nueva manera los griegos la asociaron con una palabra, logos, y a ella dedicaremos la última parte del tema. Antes hay que ver dos cosas. La primera, qué tuvo que ocurrir en aquellas colonias para que alguien pudiera dedicarse a esto, porque las ideas no nacen en el vacío ni le ocurren a cualquiera. La segunda, una pregunta que casi nunca se hace en voz alta: si de verdad estamos seguros de que esto no ocurrió en ningún otro lugar del mundo.

§05 · Las condiciones que hicieron posible la filosofía

La Filosofía no surgió de la noche a la mañana. No existe una persona o una sociedad que un día tuviera una visión mítica del mundo y al siguiente una racional, especulativa, filosófica.

En el siglo VI a. e. c., en las colonias de la Grecia antigua, se produjeron una serie de circunstancias que hicieron posible —o facilitaron— el nacimiento de la Filosofía3. Destacan cinco factores4, su caldo de cultivo.

Factor religioso. La sociedad de la Grecia antigua tenía una religión oficial —la de Zeus, Atenea y los dioses del Olimpo— y cultos mistéricos, solo para selectos grupos de iniciados5. La religión oficial condicionaba el calendario y se expresaba en procesiones, fiestas y sacrificios. Curiosamente, nunca tuvo una casta sacerdotal. Para el siglo VI a. e. c., la visión del mundo que proporcionaba no satisfacía a algunas personas, y sus rituales, importantes para la vida social, tampoco les servían individualmente. Por esas rendijas en el sentido se pudo colar la Filosofía, resultado del progresivo abandono de las respuestas religiosas en favor de la especulación racional.

Factor político. Los griegos de la Antigüedad no formaron un gran país ni un imperio: vivían en ciudades-estado o polis, independientes las unas de las otras. Algunas tenían una organización democrática6 —particularmente Atenas—, pero también existieron aristocracias, monarquías y oligarquías, e incluso dictaduras como la espartana.

El fundamento de la democracia es este: los gobernantes y los gobernados son las mismas personas. Dicho de otro modo, no hay un único gobernante ni un estamento gobernante y otro sometido7. Los ciudadanos toman parte en su autogobierno proponiendo, discutiendo y votando leyes.

Argumentar es necesario para la práctica de la democracia. Cuando los que gobiernan son reyes, generales, nobles o sacerdotes, no hay discusión: lo que ordenan es ley. Pero en democracia, quien quiera convertir en realidad sus ideas, proyectos o leyes debe convencer a los demás. No siempre gana el mejor argumento, pero realizar un diagnóstico adecuado de los problemas y proponer vías de solución razonables incrementa las posibilidades de éxito; y para eso es mejor usar la razón que rezar a los dioses.

Por qué necesitamos dar sentido. Nuestra especie debe dar sentido a todo y no tolera bien el sinsentido o lo desconocido. Por eso, ante cualquier fenómeno, queremos saber cómo y por qué se ha producido, ya sean los truenos, mentir a un amigo o el suicidio. Así logramos comprender los sucesos. Creemos, además, que todos los fenómenos son parte de un mundo más amplio: todo sucede en el universo, que tiene una esencia y un funcionamiento concretos, gobernado por normas y no por el caos. Desde que el Homo sapiens tiene consciencia y lenguaje, lo más probable es que haya usado mitos para tratar cuestiones de esta relevancia.

Debemos tener en cuenta que la Filosofía surgió en las colonias: como veremos, había en ellas mayor libertad que en la metrópolis, también en lo político.

Factor económico. En torno al siglo VIII a. e. c., las polis griegas estaban superpobladas y se agravaron los problemas sociales. Por eso, y por los intereses comerciales, los griegos instituyeron colonias, creadas por ciudadanos organizados de una polis concreta a la que permanecían vinculados, con la que se comunicaban por mar y a la que llamaban metrópoli.

Aunque estas colonias funcionaban como las demás polis, la lejanía facilitó cierta libertad. Como su actividad económica estaba condicionada por el comercio, los comerciantes tenían en ellas gran importancia, a costa del poder de la aristocracia, de valores más tradicionales y conservadores. Por eso la Filosofía surgió en Jonia, en la costa occidental de la actual Turquía, en una colonia.

Ten en cuenta que la navegación y el comercio necesitan y estimulan la astronomía, la matemática y la escritura, y con ellas el pensamiento abstracto, como veremos.

Factor cultural. Hasta aquí, la apertura religiosa, política y económica. Las colonias y sus relaciones comerciales dieron un impulso adicional a esa apertura al poner a los colonos griegos en contacto con otras culturas.

Ya habrás oído que viajar ensancha la perspectiva. Entrar en contacto con otras creencias, ideas y costumbres puede llevarnos a considerar las propias de manera nueva. A veces cambiaremos nuestras convicciones y prácticas; otras nos afirmaremos aún más en ellas. Pero enfrentarse a otras culturas siempre enciende la chispa de la duda y el cuestionamiento de lo propio.

Factor social. Y queda el factor que menos se nombra, aunque sea el más material de todos: alguien tenía que poder pararse a pensar. Filosofar exige tiempo que no dedicas a conseguir comida, letras que alguien te ha enseñado y, casi siempre, otras personas que sostienen tu vida mientras tú piensas. Aristóteles (384-322 a. e. c.) lo vio y lo dijo sin adornos: las artes matemáticas se constituyeron primero en Egipto «porque allí se le permitía ocio a la casta sacerdotal», y el saber que no busca ni placer ni utilidad aparece donde ya están cubiertas las necesidades de la vida8. Fíjate en la diferencia con lo que acabas de leer: en Grecia no hubo casta sacerdotal, pero el ocio hacía la misma falta.

Y ese ocio no salía de la nada. La Atenas que inventó la palabra filosofía era una sociedad esclavista en la que, además, las mujeres no eran ciudadanas. Aristóteles, que describió el mecanismo, no lo cuestionó. No hace falta juzgarlo con nuestros ojos para constatar el hecho, y el hecho es más grande que Atenas: durante casi toda la historia y en casi todas partes, la inmensa mayoría de los seres humanos —hombres y mujeres— no tuvo ninguna posibilidad de dedicarse a esto. Trabajaban de sol a sol y no sabían leer.

Por eso la historia de la Filosofía es también la historia de quién pudo pararse a pensar. Cuando en las próximas unidades vayan apareciendo nombres, ten presente que esa lista no es una clasificación de quiénes pensaron mejor: es la lista de quiénes pudieron. Más adelante, al estudiar las dos libertades (§126), tendrás la herramienta para decir esto con precisión, y verás que no es lo mismo carecer de los medios que tenerlo prohibido.

El desarrollo del pensamiento abstracto9. Fíjate en los elementos de esta lista: todos ellos aumentan la abstracción, alejándose de la realidad concreta y abriendo posibilidades para la Filosofía.

  • La escritura alfabética. Los chinos y los egipcios escribían mediante pictogramas: las palabras son dibujos representativos de lo que significan. Los fenicios, en cambio, inventaron —o al menos popularizaron— las letras tal como las conocemos hoy. Gracias a ellas es posible escribir de forma muy sencilla, pues las palabras reflejan lo que se vocaliza, no el aspecto del objeto al que se refieren. Así se puede codificar cualquier idea en un texto fácilmente transmisible, y desgajar la comunicación de la inmediatez: por eso podemos leer hoy textos de Platón (427-347 a. e. c.), muerto hace veinticinco siglos, y comprender sus ideas.
  • Dinero. El concepto de dinero supone una tremenda abstracción. Con el trueque podemos intercambiar objetos que tenemos por otros que necesitamos; pero si yo crío gallinas y necesito zapatos, y el zapatero no necesita gallinas, ¿cómo obtengo los zapatos? El dinero nos da un sistema de referencia de valor compartido por todos: el zapatero pone precio a los zapatos, yo vendo mis gallinas a cambio de dinero y con él compro los zapatos —o lo ahorro, o se lo envío a un amigo que lo necesita—.
  • Calendarios. Muy útiles para los negocios, suponen concebir el tiempo de forma abstracta, despegada del mero transcurrir de los días, y categorizarlo no ya en lunas, estaciones o años, sino en unidades que sirven para afinar y predecir.
  • Astronomía. Útil para navegar y permitir la expansión colonial. Y para hacer calendarios.
  • Matemáticas. Fundamentales para la gestión de los bienes y el dinero del comercio. Y para la astronomía. Y para los calendarios.
  • La idea de cosmos. Los primeros filósofos, los de la physis, trataron este tema, como veremos. El cosmos se identifica con todo lo que es —no cabe mayor nivel de abstracción—, y ese todo está ordenado con un orden propio; por lo tanto, no necesitamos dioses externos para explicar su funcionamiento.

§06 · ¿Nació la filosofía solo en Grecia?

Hay una pregunta más, y es incómoda. Todo lo anterior explica por qué la Filosofía pudo nacer en Grecia. No explica por qué la damos por nacida solo allí. Y para discutir eso hay que decidir antes qué nombra la palabra: ¿un método —pedir razones en público, argumentar en prosa, discutir la autoridad del mito— o una genealogía, lo que desciende de Mileto?

Las dos salidas fáciles. Y las dos son malas. Si dices «todo es filosofía», la palabra deja de distinguir nada y ya no sirve para pensar. Si dices «solo Grecia», confundes la historia de una palabra con la historia de una práctica. Lo interesante empieza al aplicar el criterio del método con el mismo rasero para todos.

Casos que entran y casos que no. Entonces entran cosas: los mohistas chinos, contemporáneos de Sócrates, argumentaban paso a paso y fijaron por escrito tres criterios para evaluar una afirmación; en la India hubo debate público reglado desde el siglo V a. e. c., con sus modalidades distinguidas y sus reglas escritas, y escuelas que discrepaban sobre cuántas fuentes de conocimiento hay10. Y quedan cosas fuera: la literatura sapiencial de Mesopotamia plantea preguntas que reconocerías, pero no conservamos la disputa entre posiciones rivales que se exigen razones. Que el criterio deje algo fuera es lo que demuestra que no es un cheque en blanco.

El doble rasero. Y ojo, que corta por los dos lados: de los cārvāka indios, que negaron la autoridad de los Vedas, solo conservamos citas de sus adversarios. De los presocráticos que estudiarás en la próxima unidad, también.

Hountondji y la etnofilosofía. Y esta discusión no viene de donde crees. Quien con más dureza ha criticado el «todo es filosofía» es un filósofo africano, el beninés Paulin Hountondji (1942-2024), y lo hace desde dentro: sostiene que hablar de una filosofía colectiva y sin autores es tan absurdo como hablar de un álgebra inconsciente, y que esa idea acaba retratando a los africanos como un rebaño sin pensadores propios11. No te doy la respuesta. Te doy la pregunta bien hecha, que es lo que se te pedirá durante todo el curso.

§07 · El logos y el pensamiento abstracto

Qué significa logos. Es uno de los términos más importantes de la Filosofía, y nos lo encontraremos recurrentemente a lo largo del curso. Como sucede con otros muchos términos del griego clásico, su traducción no es fácil: no podemos sustituirlo por una sola palabra que funcione en todos sus usos. Por eso —y no por esnobismo— conservamos el original y lo usamos a veces.

Logos significa palabra, habla, razonamiento, argumentación, discurso o instrucción; también inteligencia, pensamiento, sentido. Incluso razón12, tanto en referencia a la razón individual —la capacidad de razonar de los seres humanos— como a la razón universal, la organización racional del cosmos.

En nuestra situación, el logos representa la visión filosófica del mundo, basada en la razón, la argumentación y el pensamiento abstracto. Pero ¿qué es el pensamiento abstracto?

Cuestión de manzanas. Quizá sea más fácil explicar qué es el pensamiento concreto que el abstracto. Supongamos que, mientras lees esto, vas a la cocina, coges tres manzanas y las pones sobre tu mesa de estudio. Puedes contarlas, describir su color, hablar sobre ellas, compararlas e incluso comértelas. Esas son manzanas concretas, tres entre los billones que ha habido, hay y habrá. Solo esas tres.

Si te digo que mañana has de comprar manzanas, o que en Francia cultivan manzanas deliciosas, no estoy hablando de manzanas concretas que tengas a la vista. Y, aunque no las veas, has comprendido lo que digo porque conoces el concepto de manzana. Si tras mencionar las manzanas francesas te enseño la foto de una pera, sabemos que esta y aquellas son cosas distintas. Al hablar así estoy realizando una abstracción: no hablo de manzanas concretas y presentes, sino de manzanas que pueden existir o no, que quizá nunca saborearé. Y no importa que nunca las haya visto: lo que digo sobre ellas es comprensible y útil.

Más aún: si hablo de manzanas y peras, me refiero a frutas, ¿verdad? Tanto los plátanos como las peras y las manzanas tienen características en común, y por eso les corresponde el concepto de fruta, en el que no entran los martillos ni los frigoríficos. El concepto de fruta es más amplio o abstracto que los de pera y manzana, pero no tanto como para incluir un martillo. Podríamos seguir alejándonos por los niveles de abstracción: las frutas son plantas, y las plantas, seres vivos.

Hemos llegado a este nivel de abstracción a partir de una manzana concreta. Imagina lo abstractos que pueden llegar a ser conceptos como la belleza, el bien, el amor o la humanidad. Tomando este último: no sabemos —ni podremos saber— qué personas concretas la componen, pues nunca conoceremos a todas las que han sido o serán; y, aun así, decimos con facilidad y acierto que es característica común de la humanidad tener dos ojos. Podemos hacer esa operación mental gracias a nuestra capacidad de abstracción, sin necesidad de conocer a cada ser humano. Aunque naciera alguien con un solo ojo, nuestra descripción seguiría siendo adecuada.

Otro ejemplo: la aritmética. Imaginemos de nuevo las tres manzanas sobre la mesa. Al contarlas podemos estirar un dedo por cada una y decir «uno, dos y tres», ¿verdad? O podríamos escribirlo así: \(1+1+1=3\), donde \(1\) = una manzana. Pero ese mismo \(1\), ¿sirve solo para contar manzanas? Aquí lo hemos usado para eso, pero el mismo número sirve para contar casas, personas o árboles: \(1+1+1=3\) puede indicar también que «un árbol, más otro árbol, más otro árbol, son tres árboles».

Expresiones como \(1+1+1=3\) nos sirven para contar cualquier cosa porque son abstractas: no se refieren a nada concreto. ¡Imagina lo abstracto que puede ser \(x+y+z=3\)!

La abstracción aplicada a la Filosofía. El pensamiento abstracto es fundamental para los humanos. Si solo pudiéramos hablar de lo que señalamos con el dedo, ¿cómo hablaríamos de los parientes y amigos que están lejos, de la libertad, de los sentimientos o —llevado al extremo— de Filosofía?

Las matemáticas son el discurso más abstracto: la mayor parte de los teoremas y las pruebas no tienen conexión con el mundo. Podrían hacerse con la mente aunque no hubiera mundo, o aunque viviéramos encerrados en el fondo de un pozo oscuro. Un matemático puede describir mundos enteros y otras dimensiones con la sola ayuda de un papel y un lápiz.

El pensamiento abstracto es fundamental para la Filosofía, pues esta no habla de una anécdota que me haya pasado hoy en el autobús o en la cola del súper, sino de cosas como estas13:

  • ¿En qué consiste actuar bien o correctamente?
  • ¿Qué hace que un cuadro o una pieza musical sean bellos?
  • ¿Cómo debemos gobernar el Estado para que sea lo más justo posible?
  • ¿Cómo podemos estar seguros de que la ciencia hace afirmaciones verdaderas?
  • ¿En qué consiste la dignidad humana?
  • ¿Debemos dotar a los animales de derechos?

Como ves, todos estos son temas muy abstractos.

§08 · Los milesios y la nueva forma de explicar el mundo

Una vez comprendido qué son los mitos, cómo se dieron las condiciones del surgimiento de la Filosofía y en qué consisten el logos y el pensamiento abstracto, no nos falta más que cerrar el círculo que abrimos al definir la Filosofía. Estos pioneros milesios no se conformaron con las explicaciones que la tradición y los mitos daban de la naturaleza de las cosas14. Que los truenos fueran consecuencia de la ira de Zeus, o que las cosechas y las estaciones dependieran de Deméter, no resistía al simple análisis de preguntar «¿por qué es así?» o «¿de dónde hemos sacado esa explicación?». La respuesta no podía ser otra que «porque nuestros ancestros así lo creían» o «porque así nos lo contaron los dioses mismos».

Y una objeción, que conviene que te hagas tú. Las preguntas por los truenos o por las cosechas sí pueden resolverse experimentalmente, con lo cual, según nuestra definición inicial, no serían filosóficas, sino científicas. Aunque los antiguos griegos fundaron también la ciencia y realizaron descubrimientos notables, hay una enorme distancia entre lo que consideramos ciencia a partir de la Revolución Científica del siglo XVII y los conocimientos que los griegos tenían del mundo natural: no disponían de los conceptos ni de las herramientas para observar y medir los fenómenos. Por eso, en el siglo VI a. e. c., estas eran preguntas filosóficas sobre las que solo cabía especular racionalmente.

Tales y la pregunta por el arkhe. Con los filósofos físicos —y con Tales de Mileto (h. 624-h. 546 a. e. c.) y la escuela de Mileto en particular— surgió esta nueva forma de explicar e interpretar el mundo que llamamos Filosofía. Como hemos apuntado, no surgió plenamente formada ni de la noche a la mañana, pero contenía ya algunas de las semillas que germinarían con las décadas: frente a la tradición cultural y la religión, la investigación racional y la argumentación.

Las consecuencias fueron inmediatas: urgía encontrar principios y fundamentos de la naturaleza de las cosas. ¿De qué estaban hechos el cosmos o la materia misma? ¿Qué significa ser? ¿De dónde procedía todo lo que vemos y somos capaces de comprender? ¿Hubo un principio del cosmos, o siempre estuvo ahí? La intuición de Tales fue que sí lo hubo: un principio o arkhe, un fundamento que hace a la realidad ser lo que es, que la sostiene y la vuelve inteligible15. Así se inauguró la Filosofía, con las más fundamentales preguntas metafísicas, centradas en la naturaleza de las cosas.


  1. Los mitos en vigor suelen reflejar la situación y las necesidades de las sociedades que los sostienen: entre los cazadores-recolectores, algunos versarán sobre los animales que cazan; en las sociedades pastoriles se cuentan mitos relativos a los pastos, y entre las agrícolas, a las técnicas de cultivo. En Japón, por ejemplo, explican los frecuentes terremotos mediante los mitos del dios Namazu, un gran siluro de las profundidades.↩︎

  2. Desde hace casi 300 000 años, cuando Homo sapiens apareció sobre la Tierra, hasta el surgimiento de la Filosofía en el siglo VI a. e. c., y aún hoy.↩︎

  3. Quizá debiéramos decir que comenzó a nacer.↩︎

  4. Si las circunstancias que analizaremos a continuación no se hubieran producido, la Filosofía no habría tenido el caldo de cultivo necesario para florecer. Quizá habría sucedido en otro lugar o en otro momento de la historia; o no.↩︎

  5. Los menciono aquí para que te vayan sonando; no es necesario que entiendas ahora en qué consistían ni su diferencia con la religión oficial.↩︎

  6. Como veremos más adelante, los sofistas fueron filósofos de la época de Sócrates (470-399 a. e. c.): profesores profesionales que se ganaban la vida enseñando a los ciudadanos pudientes a realizar discursos en los juicios y en el ágora. Por otro lado, que la democracia fomente la argumentación racional no supone que se obtenga directamente justicia y bien: la razón puede usarse de forma perversa para engañar a los demás.↩︎

  7. A decir verdad, la democracia surgió después que la Filosofía. Aun así, es más sensato afirmar que ambas surgieron debido a los mismos cambios, y no que aquella sea consecuencia de esta.↩︎

  8. Metafísica A 1, 981b, y A 2, 982b; la versión castellana se ha hecho sobre el texto inglés de W. D. Ross, y no directamente del griego. La referencia va por la numeración de Bekker, que es la misma en todas las ediciones y te sirve para localizar el pasaje en cualquier traducción.↩︎

  9. Más abajo veremos en qué consiste el pensamiento abstracto.↩︎

  10. De los mohistas y de sus tres criterios —que una afirmación tenga raíz en el precedente, base en lo que la gente ve y oye, y utilidad al aplicarla al gobierno—: Fraser, C. (2024). Mohism. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Fall 2024). https://plato.stanford.edu/archives/fall2024/entries/mohism/ Del debate indio, cuyas reglas están hasta en un tratado de medicina: Gillon, B. (2023). Logic in Classical Indian Philosophy. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Fall 2023). https://plato.stanford.edu/archives/fall2023/entries/logic-india/↩︎

  11. Hountondji define la filosofía africana como el conjunto de textos escritos por africanos y presentados como filosóficos por sus propios autores, y rechaza por eso la llamada etnofilosofía, que atribuye una filosofía anónima a un pueblo entero. Masolo, D. (2016). African Sage Philosophy. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Spring 2016). https://plato.stanford.edu/archives/spr2016/entries/african-sage/↩︎

  12. El castellano actual conserva rastros de este término en las palabras terminadas en -logía: psicología, razonamiento sobre la psykhe o alma/mente; geología, el estudio de la Tierra; biología, el estudio de la vida.↩︎

  13. Puedes añadirlas a las nueve que vimos al definir la Filosofía.↩︎

  14. No nos referimos aquí con naturaleza a los pájaros, los árboles y las montañas, sino al componente íntimo de todo lo que existe, el cosmos.↩︎

  15. Inteligible quiere decir que puede captarse con la inteligencia; es decir, comprensible. Su opuesto es ininteligible, lo que no puede comprenderse, como la escritura de muchos médicos.↩︎