Tema 28 · La moral amoral de Nietzsche

Solo en la medida en que una acción ha brotado de la compasión tiene valor moral; ninguna que proceda de cualquier otro motivo lo tiene. […] La compasión es la base real de toda justicia libre y de todo amor auténtico al prójimo.

—Arthur Schopenhauer, Sobre el fundamento de la moral, sección 16 · traducción de Claude, del alemán

¿Qué es bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo. ¿Qué es malo? Todo lo que procede de la debilidad.

—Friedrich Nietzsche, El Anticristo, aforismo 2 · traducción de Claude, del alemán

§109 · Moral de amos y moral de esclavos

El fundamento desaparecido. Friedrich Nietzsche (1844-1900)1 fue un agudo y demoledor crítico de la cultura Occidental. Sus embates hicieron temblar la religión y la metafísica, dejándolas heridas de muerte. Se propuso desenmascarar las medias verdades, las mentiras y aquellas cosas que tratamos de evitar en nuestras vidas. Realmente, más que provocar una profunda revolución cultural, Nietzsche fue uno de los primeros pensadores en darse cuenta de que el fundamento tradicional de la cultura occidental —su base y la fuente de su legitimidad— no solo había cambiado, sino que había desaparecido. Él se limitó a explicitarlo y a explicárnoslo, que no es poco, y de manera brillante y provocativa.

Dios ha muerto. Esa desaparición tiene nombre, y es la frase suya que todo el mundo ha oído y casi nadie ha leído en su sitio. Aparece en La gaya ciencia, de 1882, y en el pasaje más famoso no la dice Nietzsche por su cuenta: la pone en boca de un loco. El personaje enciende una linterna en plena mañana, baja corriendo al mercado y grita que busca a Dios. A su alrededor hay un corrillo de gente que se ríe de él, y aquí está el detalle que lo cambia todo: los que se ríen son ateos. Entonces el loco se vuelve hacia ellos, les dice que Dios ha muerto y que han sido ellos quienes lo han matado, y termina estrellando la linterna contra el suelo. «Vengo demasiado pronto», dice. «Todavía no es mi hora».

Léelo despacio, porque no significa lo que parece. No es una tesis sobre si Dios existe —a los que ya no creían no había nada que anunciarles—, ni es una celebración. Es un diagnóstico cultural: la creencia en el Dios cristiano ha dejado de ser creíble, y con ella se viene abajo todo lo que se apoyaba en ella, empezando por nuestra moral europea entera. El loco no está loco por decir que Dios ha muerto: está loco porque es el único que ha entendido la magnitud del hueco que eso deja, y por eso llega demasiado pronto para un público que ha dejado de creer sin enterarse de lo que su propia incredulidad implica. En otro pasaje del mismo libro, este ya en su propia voz, Nietzsche lo dice con una imagen mejor: durante siglos después de la muerte de Buda siguió mostrándose su sombra en una caverna, y con Dios va a durar más todavía, porque habrá cavernas donde se muestre su sombra durante milenios. La sombra dura más que el cuerpo, y aún nos queda vencerla.

Y de ahí sale el problema del que se ocupa el resto del tema. Si los valores más altos se desvalorizan a sí mismos, lo que queda es el nihilismo: la sospecha de que nada vale nada. Ojo, que Nietzsche no propone el nihilismo. Lo diagnostica como la enfermedad que viene, y todo su trabajo consiste en buscar de qué manera se sale de él.

En su obra de 1886 Más allá del Bien y del Mal, Nietzsche analizó la tradición ética occidental y se preguntó de dónde venía la moral y por qué tenemos tendencia los juicios morales, que ninguna otra especie de la naturaleza se hace. Este hecho —elevarnos por encima de la naturaleza— es indebido. ¿Por qué? Porque supone una inversión de lo que la verdadera moral debiera ser.

Las dos morales. Hay dos tipos de moralidad, que responden a dos tipos muy distintos y opuestos de personas. Imagina la Antigüedad clásica, compuesta de sociedades guerreras en las que unos individuos son los amos —los patricios, los guerreros— y otros, la mayoría, son los esclavos —tanto en sentido literal como figurado—. Aquellos dominan a estos porque son capaces de imponerse con su fuerza. Así, existen estos dos conjuntos de valores:

  1. Moral de señores o amos: pertenece a los guerreros, que definen su moralidad por su fuerza y su valentía. Sus valores afirman la vida y, como predadores que son, desprecian la debilidad, al más puro estilo «ley de la selva».
  2. Moral de los esclavos, del rebaño o de siervos. Es propia de individuos débiles e inferiores, aquellos sometidos por los señores.

La moral cristiana. Como bien sabes, la historia occidental de los últimos veinte siglos está dominada por el cristianismo, incluida su moral, que es fundamentalmente cristiana. Pero, ¿qué representa la moral cristiana? ¿De quién son los intereses que se ocultan detrás de ella? ¿Se trata de una moral de señores o de esclavos?

El cristianismo fue originalmente una escisión del judaísmo, una rama que mantuvo su orientación sacerdotal2. Pero quizás hubiera sido una de tantas confesiones que desaparecieron con el paso del tiempo si no hubiera medrado entre los esclavos del Imperio Romano.

Con su prédica de la mansedumbre, el altruismo y el perdón, el cristianismo encajaba muy bien con los siervos, ya que condenaba los valores de sus amos, fuertes y crueles. Gracias al cristianismo, los débiles se organizaron y fueron capaces de armar una venganza contra sus amos, precisamente dando la vuelta a —invirtiendo— los valores de estos. Donde los amos reivindicaban la autodeterminación de la voluntad, los siervos valoraban la obediencia; frente a la independencia de los amos, los siervos veían mejor el altruismo; ante la insensibilidad del amo, los esclavos preferían perdonar. Así, los débiles subvirtieron el orden natural, la relación entre amos y esclavos, y lograron imponerse por medio de la universalización del cristianismo.

La victoria de los débiles. ¿Pero cómo lograron vencer, precisamente, a los fuertes y valientes? Porque eran más. Según Nietzsche, el tipo aristocrático y guerrero, el héroe homérico, la élite guerrera que crea su moral de la nada3 es, por definición, minoritaria. Los individuos excelentes son los menos. Los débiles son abrumadora mayoría. De ahí que los considere un rebaño.

Desde el punto de vista del fiel cristiano, esta vida está llena de injusticia y de sufrimiento. Por eso inventaron otro mundo en el que la justicia eterna de Dios da a cada cual lo que merece: el cielo o el infierno. La frustración, la impotencia y la indignación del cristiano maltratado por la vida —valle de lágrimas— se transforman en mito que permite a sus creyentes rebelarse contra sus dominadores, si no esta vida, al menos en la próxima.

§110 · El origen de la conciencia

La crueldad vuelta hacia dentro. Nietzsche comprendió muy rápidamente la conclusión de Darwin sobre la naturaleza humana: somos animales4.

Pero se hizo una pregunta fundamental sobre la especificidad humana: ¿por qué somos los únicos animales dotados de consciencia? Los seres humanos tenemos una natural inclinación a dominar a los otros, a aprovecharnos de ellos, lo que produce dolor y sufrimiento. La sociedad, sin embargo, trata de evitar que suceda esto. Por lo tanto, las personas —que ya no pueden infligir sufrimiento a otros— comienzan a infligirse sufrimiento a sí mismos; esto es, precisamente, la conciencia.

Los sacerdotes y el resentimiento. Cuando los sacerdotes aparecen en la historia, la cosa empeora. Constituyen el peor tipo de moral de rebaño/esclavos. Se rigen por una moral propia y tratan de dominar al resto por medio de mitos e historias, anulando los intentos de cualquiera que quiera ejercer una moral de señores. Además, no olvidan, y hacen del resentimiento el motor de su control social. Han absolutizado la moral de esclavos y han hecho imposible incorporar elementos de la moral de señores. Por eso es necesario destruir la moral cristiana y Nietzsche se considera a sí mismo el Anticristo.

El significado del sufrimiento. El mayor despropósito de la moral cristiana es que ha dado sentido al sufrimiento. Los cristianos consideran que Dios es providencial, es decir, que nada sucede en el mundo sin que él se entere y que cuida de sus criaturas. Si Dios —que es la bondad misma— permite la existencia del sufrimiento en el mundo, debe ser porque este tiene algún significado, algún valor.

En contraste, para Nietzsche la existencia no tiene sentido y la moral tampoco lo tiene. Menos aún el sufrimiento. El hecho de querer dar valor al sufrimiento lo hace todavía peor. Bastante malo es para los débiles que los maltraten, les roben o los asesinen. Pero los sacerdotes tratan de convencerlos de que, de alguna manera, son responsables de su sufrimiento; y así surge la culpa, cuando tras el encuentro con el poderoso que los daña, los débiles añaden a ese sufrimiento su propio sentimiento de culpa, ya que no solo han sido maltratados, sino que son responsables de dicho sufrimiento infligido sobre ellos.

§111 · La moral amoral: crear los propios valores

¿Volver a la moral del señor? Una vez diagnosticado el origen de la moral Occidental, ¿qué hacemos? Toda vez que ya hemos descubierto y desvelado el peligroso conjunto de mitos que nos ha vendido el sacerdote, ¿qué tipo de moral deberemos emplear?5

La primera reacción puede ser la de tratar de volver a la moral del guerrero o del señor. No podremos, directamente, pero sí de forma sublimada, es decir, sustituyéndola por algo aceptable. El artista y el filósofo quizás sean figuras que puedan procurarse su propia moral, de situarse más allá del bien y del mal.

Sin fórmulas: volver a Sócrates. El propio Nietzsche decía que él filosofaba a martillazos y que escribía para que se lo malinterpretara; no nos puso fácil comprender su pensamiento. Desde luego, no existe una sola forma de interpretarlo. De forma general, una vez diagnosticado el problema de la tradición moral Occidental, y descartada por ser una moral de esclavos no nos queda nada más que hacer nuestra propia filosofía moral con nuestros propios medios y nuestras propias fuerzas6.

Para eso debemos poseer el valor y la fuerza necesarios para escapar de la mentalidad del esclavo. Él, que fue tan abiertamente antisocrático, nos deja ante la tesitura de tener que volver a Sócrates: debemos tener la voluntad de hacernos preguntas difíciles sobre temas que nos incomodan. Las respuestas son, además, temporales. Nietzsche es un pensador provocador y contradictorio. Exasperante, incluso, porque se niega a darnos fórmulas dogmáticas y nos arroja siempre a los pies de nuestra razón y de nuestra voluntad para que nos saquemos a nosotros mismos las castañas del fuego sin ninguna muleta de la que servirnos. En qué posición tan vulnerable y difícil nos sitúa, pero qué oportunidad tan excitante nos presenta: prescindir de toda moral convencional para labrarnos nuestra propia moral con el fuego de nuestra propia voluntad. De ahí que la moral de Nietzsche sea amoral.

§112 · Críticas a Nietzsche

La propuesta de Nietzsche es altamente especulativa, y conviene que sepas por dónde se la discute. En toda su crudeza, sin embargo, parece que algunas de sus intuiciones pueden tener razón de ser.

¿Historia o conjetura? La Genealogía de la moral se presenta como una investigación del origen real de nuestros valores, pero la evidencia que aporta es escasa. Buena parte del peso lo llevan unas etimologías —que el latín bonus venía de un antiguo duonus y significaba «el guerrero», que malus emparentaba con la palabra griega para «oscuro», que el alemán gut venía del nombre de los godos— que el propio Nietzsche formula como hipótesis y hasta como preguntas. La filología le ha dado la razón en lo pequeño y se la ha quitado justo en lo que le hacía falta: bonus sí viene de duonus, pero no por ahí se llega a «guerrero», y el parentesco de malus con el griego ha ido perdiendo apoyo. Eso no la invalida: la convierte en lo que es, una historia conjetural, una explicación verosímil de cómo pudimos llegar hasta aquí. Se la juzga por lo que ilumina, no por lo que demuestra.

¿No es una falacia? La objeción que a todo el mundo se le ocurre: aunque un valor tenga un origen mezquino, de ahí no se sigue que sea falso. La ciencia moderna nació entre alquimistas y eso no la desacredita. Es un reproche justo contra la caricatura de Nietzsche, pero no contra él, que escribió expresamente que el origen de una cosa y la utilidad que hoy tiene son mundos aparte. Su crítica no descansa en el origen, sino en dos cosas distintas: en que la moral que ataca da por supuestas cosas que él considera falsas —el libre albedrío, la transparencia de nuestros motivos, la semejanza entre todos los seres humanos— y en lo que esa moral hace, que es, a su juicio, impedir que aparezca gente excelente.

¿Y con qué derecho lo dice? Esta es la objeción seria, y sigue abierta. Si no hay hechos morales, si todos los valores son creaciones humanas, ¿desde dónde condena Nietzsche la moral de esclavos? Cuando dice que una vida es superior a otra, está valorando, y no puede reclamar para su valoración un estatuto que le niega a las demás. Sus lectores llevan un siglo discutiendo si hay salida y no se han puesto de acuerdo.

El precio de su elitismo. Nietzsche ataca la igualdad, la compasión y el altruismo, y no de pasada: sostiene que una moral que se dirige a todos por igual perjudica a los raros y a los mejores. Es un aristocratismo cultural, no un programa político —no dejó ninguna teoría del Estado ni de la sociedad—, pero conviene no dulcificarlo: si la propuesta te resulta atractiva, sé consciente de con qué viene atada. Y despeja de paso un malentendido famoso: La voluntad de poder, el libro que más se ha usado para hacerlo decir barbaridades, no es un libro suyo. Es una antología de sus cuadernos, publicada en 1901, después de su muerte: la montaron colaboradores del archivo que dirigía su hermana Elisabeth (1846-1935), y ella misma firmó la edición ampliada de 1906. Nietzsche llegó a acariciar un libro con ese título y lo descartó en 1888. Las frases son suyas; el libro, no. Y era ella, no él, quien militaba en el antisemitismo7.

Y una objeción de calendario. Es más que posible que nuestra moral sea anterior a las sociedades aristocráticas, que no datan de hace más de 5.000 años. Quizás el origen del juicio moral resida en las sensaciones de dolor y de placer: un estómago lleno nos satisface, mientras que una pierna rota nos duele. Y sobre este tipo más arcaico de juicio puede añadirse el juicio de la moral de señores y esclavos. Hoy hay bastante acuerdo en que las capacidades que hacen posible la moral —cooperar, cuidar de las crías, indignarse ante un reparto injusto— son mucho más viejas que cualquier sociedad estratificada, y algunas ni siquiera son exclusivas de nuestra especie. Fíjate en que, bien planteada, esta objeción no destruye la genealogía: la acota. Nietzsche no estaría explicando el origen de la moral, sino el de un vocabulario moral europeo muy concreto, que es de hecho contra el que escribe.


  1. Referencia: la conferencia de Michael Sugrue Nietzsche’s Critique of Christianity: The Genealogy of Morals [vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=7Kuk35VNSEc↩︎

  2. Es decir, que existen unas personas que tienen un rango distinto de la comunidad de los fieles, que es capaz de administrar sacramentos y que tiene, por lo tanto una mayor cercanía a Dios. Son estas personas, los sacerdotes o los clérigos, los que dicen a los fieles lo que deben hacer.↩︎

  3. Los romanos son hombres independientes, de tipo guerrero que hacen su propia escala de valores basados en el poder y la voluntad de poder o dominio, que no dudan en infligir dolor a quienes consideran inferiores: los físicamente inferiores, los menos fuertes, no los moralmente inferiores.↩︎

  4. Más aún, seres vivos como cualquiera otros. Ten en cuenta que Darwin publicó su Origen de las especies en 1859, como estudiamos ya en el tema dedicado a la antropología.↩︎

  5. Múltiples factores —entre ellos resultan fundamentales la Revolución Científica y el darwinismo— han llevado a que el gran relato unificador de Occidente deje de ser creíble. Ya no hay un referente absoluto sobre el que cimentar nuestra moralidad.↩︎

  6. Recuerda que Dios ha muerto y que, por lo tanto, no podemos recurrir a él para fundamentar una moral.↩︎

  7. Anderson, R. L. (2026). Friedrich Nietzsche. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Fall 2026). https://plato.stanford.edu/archives/fall2026/entries/nietzsche/. Sobre la crítica de la moral, Leiter, B. (2024). Nietzsche’s Moral and Political Philosophy. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Fall 2024). https://plato.stanford.edu/archives/fall2024/entries/nietzsche-moral-political/↩︎