Lectura · Pico y Darwin

La ficha. Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) escribió a los veintitrés años el discurso con que pensaba abrir en Roma un debate público sobre novecientas tesis suyas, reunidas de cuantas autoridades alcanzó a leer. El debate no se celebró y el discurso no se pronunció nunca1. Lo que en él se juega es el lugar del ser humano en el orden de las cosas, y Pico contesta que no tiene ninguno: no tener lugar propio es su dignidad. Casi cuatro siglos después, Charles Darwin (1809-1882) cerraba The Descent of Man —El origen del hombre, 1871— respondiendo a la misma pregunta con las herramientas de la historia natural: el ser humano sí tiene un lugar, el de un animal entre otros, y lo lleva escrito en el cuerpo. Los dos textos que siguen son los dos finales de un mismo pulso, y es el pulso que vienes leyendo desde que empezó la unidad (§25).

La traducción. Las dos son de Claude y directas del original: la de Pico, del latín; la de Darwin, del inglés. Ninguna se ha hecho sobre otra traducción, y las dos se publican bajo la misma licencia que el resto del libro. Para Darwin había una versión moderna de referencia —la de Joandomènec Ros para Crítica, 2009—, pero sigue protegida; y la tradición castellana libre de derechos no servía, porque el estudio de las traducciones españolas de la obra muestra que casi todas las que circulan como de dominio público son copias de una versión abreviada de 18762. Traducir del inglés, que está en dominio público desde hace más de un siglo, era el camino limpio. En Darwin se han partido además los periodos largos del original, que encadenan hasta seis complementos antes de rematar: la frase que cierra el libro tiene setenta palabras y una sola respiración. No se ha quitado ninguna idea ni se ha añadido ninguna; se ha quitado la respiración del siglo XIX, que es lo único que aquí estorba. En el latín de Pico, Dios habla de sí unas veces en plural mayestático y otras en singular; aquí habla siempre en singular, para que no parezca que hay dos voces. Los corchetes […] marcan, en su lugar exacto, lo omitido.

El discurso de Dios a Adán. Lo que va delante del pasaje que sigue cuenta cómo se llegó hasta él, y se resume en dos datos. El primero: cuando le tocó el turno al hombre, el mundo ya estaba terminado y estaba lleno, con cada criatura en su sitio y con su naturaleza ya decidida. El segundo: por eso mismo, a Dios no le quedaba nada propio que darle —ni un molde con que fabricarlo, ni un don libre, ni un asiento vacío donde ponerlo—. Todo estaba ya repartido. Y lo que decide entonces es la tesis entera del texto: que quien no podía tener nada suyo tuviera un poco de todo lo que era de cada uno. Tomó, pues, al hombre, obra de imagen indistinta, lo puso en el centro del mundo y le habló así.

«No te di ni un lugar determinado, ni un rostro propio, ni un don que fuera solo tuyo, Adán, para que el lugar, el rostro y los dones que tú mismo desees los tengas y los poseas conforme a tu voluntad y a tu propio parecer. A los demás su naturaleza, ya definida, los sujeta dentro de las leyes que yo les he prescrito. A ti no te encierra ningún límite: tu naturaleza te la fijarás tú mismo, por tu propio arbitrio, porque en sus manos te he puesto. Te coloqué en medio del mundo para que desde ahí pudieras mirar más cómodamente todo lo que hay en él. No te hice ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, para que, hecho casi escultor y modelador de ti mismo, libre y honrado con esa libertad, te esculpas en la forma que prefieras. Podrás degenerar en las cosas de abajo, que son las bestias; podrás, por decisión de tu ánimo, regenerarte en las de arriba, que son divinas».

—Pico della Mirandola, Oratio de hominis dignitate (1486) · traducción de Claude, del latín

El final del libro de Darwin. Estas son las últimas páginas de El origen del hombre, donde Darwin recapitula qué ha probado y qué se sigue de ello.

El hombre se parece estrechamente a los animales inferiores. Se les parece en el desarrollo del embrión, y se les parece en innumerables puntos de su estructura y de su constitución, tanto en los que tienen la mayor importancia como en los que no tienen ninguna. Conserva rudimentos, y está sujeto de vez en cuando a reversiones anómalas. Son hechos que no admiten discusión. […]

El gran principio de la evolución se yergue claro y firme cuando esos hechos se consideran junto con otros: las afinidades mutuas entre los miembros de un mismo grupo, dónde vivieron y dónde viven, y en qué orden aparecen en las capas de la tierra. Un salvaje mira los fenómenos de la naturaleza como cosas sueltas, sin relación unas con otras. Quien no se contente con mirarlos así, no puede ya creer que el hombre sea obra de un acto de creación aparte. Aprendemos entonces que el hombre desciende de un cuadrúpedo peludo y provisto de cola, que probablemente vivía en los árboles y habitaba el Viejo Mundo. […]

La conclusión principal de esta obra es que el hombre desciende de alguna forma de organización inferior. Resultará, lamento pensarlo, muy desagradable para muchos. Pero difícilmente puede dudarse de que descendemos de bárbaros. […]

Puede excusarse que el hombre sienta cierto orgullo por haber subido hasta la cima misma de la escala orgánica, aunque no haya subido por su propio esfuerzo. Y el haber subido, en lugar de haber sido colocado allí desde el principio, puede darle esperanzas de un destino aún más alto en un futuro lejano. Pero aquí no nos ocupamos de esperanzas ni de temores, sino solo de la verdad, hasta donde nuestra razón nos permita descubrirla. He presentado las pruebas lo mejor que he sabido. Y debemos reconocer, según me parece, una cosa. El hombre tiene cualidades nobles. Siente compasión por el más degradado. Extiende su benevolencia no solo a los demás hombres, sino a la criatura viva más humilde. Su inteligencia casi divina ha llegado a entender los movimientos y la constitución del sistema solar. Con todas esas facultades sublimes, el hombre lleva aún en su estructura corporal el sello indeleble de su origen humilde.

—Charles Darwin, The Descent of Man (1871), vol. II, cap. XXI · traducción de Claude, del inglés

Ayuda a la lectura. Siete expresiones de los dos textos que conviene tener claras antes de discutirlos.

Lo que Pico no dice. No dice que el ser humano no tenga naturaleza sin más: dice que Dios no le dio ninguna fija. La indeterminación es un regalo, y hay quien lo regala. Eso importa, porque la tesis se ha repetido después sin el regalador —de Ortega al existencialismo del siglo XX—, y entonces cambia de peso: donde Pico tiene una libertad concedida y por tanto garantizada, un lector moderno tiene una libertad que no responde ante nadie. Al discutir el texto, decide si te vale la tesis sola o si necesitaba el marco.

Darwin, hijo de su siglo. Habrás tropezado con «salvaje» y con «bárbaros». No están ahí por descuido nuestro: son palabras de Darwin, y no se le quita ni una por incomodidad. Detrás de «descendemos de bárbaros» venía el ejemplo con que lo ilustraba, y ese sí se ha dejado fuera; no en silencio, sino diciendo qué era3. Su teoría disuelve la frontera entre el ser humano y los demás animales, y ese es su enorme mérito; pero él mantuvo entre los pueblos humanos una jerarquía que su propia teoría no sostiene, porque si todos descendemos del mismo cuadrúpedo peludo, ninguno está más cerca de él. Recortarlas en silencio le haría un favor que no le corresponde. Leer un argumento excelente junto a un prejuicio malo, y saber separarlos, es parte de lo que estás aprendiendo a hacer.

Desciende, no cae. En Darwin, descent es genealogía: de quién vienes. No es una caída ni una degradación, aunque sus contemporáneos lo leyeran así y aunque el castellano descender arrastre las dos cosas. Compáralo con Pico, en quien el arriba y el abajo son de verdad verticales y de verdad morales. La misma imagen del eje vertical hace en cada texto un trabajo distinto, y esa es la primera cosa que hay que desenredar para poder comparar.

El trabajo. Las dos lecturas comparten un solo bloque, porque aquí el ejercicio es la comparación. Las dos primeras preguntas son de comprensión; las dos siguientes te piden analizar cómo está construido cada argumento; las dos últimas, llevarlo a otro sitio y mojarte.

  1. ¿Qué es exactamente lo que Dios no le da a Adán, y con qué finalidad se lo niega? Responde con el texto y sin usar la palabra «libertad».
  2. Enumera los tipos de hecho que, según Darwin, no admiten discusión. ¿Por qué añade que el principio de la evolución solo «se yergue claro y firme» cuando esos hechos se consideran junto con otros? Fíjate en qué le faltaría si los tomara por separado.
  3. Los dos textos usan un eje vertical, con un arriba y un abajo. Explica qué mueve a lo largo de él el «degenerar y regenerarse» de Pico y qué mueve el «haber subido hasta la cima misma de la escala orgánica» de Darwin. ¿Cuál de los dos autores tiene un arriba y un abajo que su propia teoría no le permite tener?
  4. Pico pone su tesis en boca de Dios; Darwin declara que no le ocupan «esperanzas ni temores», solo la verdad, y que ha presentado las pruebas. ¿Qué gana y qué pierde cada uno con esa estrategia? Reparte en cada caso la carga de la prueba: ¿a quién le toca demostrar algo?
  5. Ya distinguiste el dualismo del monismo (§31) y el determinismo del indeterminismo (§80). ¿Necesita Pico un alma inmaterial para sostener lo que sostiene? ¿Podría un fisicalista firmar su tesis sin firmar su metafísica? Argumenta las dos respuestas.
  6. Si Darwin tiene razón sobre de dónde venimos, ¿queda algo en pie de lo que Pico dice que somos? Toma partido y defiéndelo. Dedica al menos una frase a la mejor objeción contra tu propia postura, y no la despaches: contéstala o reconoce que no puedes.

  1. Pico imprimió las novecientas tesis en Roma a finales de 1486 y convocó el debate para 1487. Inocencio VIII lo suspendió: una comisión declaró sospechosas seis y condenó otras siete. El discurso no se pronunció, y el título tampoco es suyo: su sobrino lo editó sin título en 1496. Copenhaver, B. (2025). Giovanni Pico della Mirandola. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Winter 2025). https://plato.stanford.edu/archives/win2025/entries/pico-della-mirandola/↩︎

  2. Acuña-Partal, C. (2022). Autoría y plagio en las traducciones al español de The Descent of Man, de Charles Darwin (1872-1998). 1611. Revista de Historia de la Traducción, 16. https://traduccionliteraria.org/1611/art/acuna2.htm↩︎

  3. Tras «descendemos de bárbaros», Darwin contaba que al ver por primera vez a un grupo de fueguinos pensó que así habían sido nuestros antepasados, y los describía con detalle: desnudos, embadurnados de pintura, el pelo enmarañado, la boca espumeante. Se ha dejado fuera del texto citado. No sostiene su argumento, y reproducirlo no enseña nada que no enseñe saber que lo escribió. Eso sí hay que saberlo, y discutirlo es parte de leerlo.↩︎