Tema 1 · ¿Qué es la Filosofía?

Si haces pensar a la gente que está pensando, te amará; pero si la haces pensar de verdad, te odiará.

—Don Marquis, atribuido (sin original localizado; impreso desde 1932)

La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece a nadie ni contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para dañar a la estupidez, hace de la estupidez algo vergonzoso.

—Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía (1962), III · traducción de Claude, del francés

¿Qué es, entonces, lo que puede escoltarnos? Una sola cosa y nada más: la filosofía. Y ella consiste en guardar el genio interior libre de ultraje y de daño, dueño de placeres y dolores.

—Marco Aurelio, Meditaciones, II, 17 · traducción de Claude, del griego

La filosofía no es un oficio popular ni está hecha para la exhibición; no está en las palabras, sino en los hechos. Ni se la emplea para que el día se pase con algún entretenimiento, ni para quitarle el hastío al ocio: forma y modela el alma, ordena la vida, rige las acciones.

—Lucio Anneo Séneca, Epístolas a Lucilio, 16, 3 · traducción de Claude, del latín

Por decir todavía una palabra sobre el enseñar cómo debe ser el mundo: para eso la filosofía llega siempre demasiado tarde. […] El búho de Minerva no alza el vuelo hasta que cae el crepúsculo.

—Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Líneas fundamentales de la filosofía del derecho, prefacio (1820) · traducción de Claude, del alemán

Vamos a pasar al menos un curso estudiando Filosofía y otro más estudiando Historia de la Filosofía; haremos bien en saber a qué nos vamos a dedicar. Quizá tengas ya alguna idea previa de qué es la Filosofía pero, como nos ocurrirá una y otra vez con esta asignatura, nuestras preconcepciones oscurecen más que aclaran. Empecemos, pues, por lo primero.

La imponente Escuela de Atenas, fresco de Rafael Sanzio (1509-1512), en el que aparecen Pitágoras, Parménides, Sócrates, Platón y Aristóteles, entre otros pensadores de la antigua Grecia. || Atribución: «La scuola di Atene», de Rafael Sanzio, dominio público / Wikimedia Commons.

§01 · Las preguntas de la filosofía

La etimología no basta. Podríamos arrancar como casi todos los libros y vídeos sobre el tema: la palabra filosofía es de origen griego y se forma con sophia, «sabiduría», y philia, «amor». Así, filosofía sería «amor a la sabiduría». Es una noción muy poética, pero no nos acerca a lo que vamos a hacer: no nos dedicaremos a amar la sabiduría —sea eso lo que sea—, y, además, otras muchas disciplinas aman el conocimiento, como la física, la filología o la biología.

Nueve preguntas que no caducan. Desechada la etimología, ¿por dónde tiramos? Veamos ejemplos de preguntas filosóficas, porque el mero hecho de que sean preguntas —y preguntas formuladas de cierta manera— ya nos dice mucho de la disciplina:

  1. ¿Existe Dios?
  2. ¿Cómo puedo saber si estoy soñando ahora?
  3. ¿Es libre mi voluntad?
  4. ¿Qué acciones son moralmente buenas o malas?
  5. ¿Cómo se configura una sociedad justa?
  6. ¿Tiene la vida algún propósito?
  7. ¿Tengo un «alma» que sobrevivirá a la muerte de mi cuerpo?
  8. ¿De qué está hecha la realidad?
  9. ¿Cómo puedo saber si algo es verdadero?

Niños, borrachos y líderes religiosos. Ahora bien, estas preguntas no se las hacen solo los filósofos. Al menos otros tres tipos de personas lo hacen:

  • Los niños son muy curiosos y preguntan sin cesar el porqué de las cosas —una actitud muy filosófica—, sin quedar satisfechos con ninguna respuesta, por profunda que parezca: siempre pueden preguntar una vez más «¿y eso por qué?». Con el tiempo dejan de hacerlo, no porque hayan hallado respuestas definitivas, sino porque al madurar se ocupan de otras cosas: buscar trabajo, pagar impuestos, votar.
  • Los borrachos —o quienes están colocados— se enzarzan a veces en acaloradas discusiones sobre estas cuestiones trascendentales. In vino veritas, dice la expresión latina: en el vino está la verdad1.
  • Los líderes religiosos suelen tener una serie establecida de respuestas: las que fijan su fe y su doctrina.

A diferencia de los niños, los filósofos nunca abandonan la curiosidad, so pena de dejar de serlo2: la curiosidad y la duda no están solo en el arranque de la pregunta, sino que guían toda la actividad filosófica. A diferencia de los borrachos, no se limitan a decir lo que piensan sin filtro3: el vino no aporta ningún conocimiento que el bebedor no tuviera ya sobrio, y encima nubla el juicio y la expresión. Y a diferencia de los líderes religiosos, uno puede responder a estas preguntas de una forma o de la contraria sin dejar de ser filósofo: a la pregunta «¿existe Dios?», un sacerdote solo puede responder que sí —para el creyente, la existencia de Dios es un presupuesto, no una conclusión—, mientras que hay filósofos creyentes, agnósticos y ateos.

§02 · ¿Qué hace filosófica a una pregunta?

¿Son subjetivas? ¿Qué tienen en común estas preguntas? Podríamos pensar que son subjetivas, con respuestas distintas y correctas para cada cual, como los gustos: a mí me gusta el helado de chocolate y a ti el de limón. Pero las cuestiones filosóficas no son subjetivas: o existe Dios o no existe; tenemos alma o no la tenemos. Que no nos pongamos de acuerdo no significa que valga cualquier cosa: una de las posturas será errónea, aunque hoy no sepamos decidirlo. Otra cosa es que muchas de estas cuestiones tengan «muchas piezas móviles» —la pregunta por la sociedad justa depende del conocimiento sociológico y de los valores éticos de partida—; pero, aun así, no todas las respuestas son igual de válidas.

¿Son profundas? El límite de lo empírico. También podríamos pensar que son profundas. Y lo son, pero la profundidad no es monopolio de la filosofía: los físicos se preguntan si el universo se expandirá para siempre; los biólogos, de dónde viene la vida, o qué es la vida. Son preguntas hondísimas, pero no son filosóficas. ¿En qué se distinguen? En que las preguntas de la ciencia pueden responderse, en lo fundamental, mediante la observación y la experimentación: son empíricas. Para saber si las gallinas son ovíparas basta con observarlas. Por lo tanto, si una pregunta puede responderse empíricamente, no es filosófica.

Ni matemáticas ni geometría. Ahora bien, hay preguntas que no se pueden responder empíricamente, y unas son filosóficas y otras no. Aquí hilamos fino. El caso más claro de preguntas no empíricas que tampoco son filosóficas es el de la matemática y la geometría. Si me pregunto «¿es primo el número 9?», la respuesta no depende de salir a la calle a buscar un «9» ni de encerrarlo en un laboratorio: depende de definiciones previas que los matemáticos establecen sobre qué es un número y qué es un número primo4. Lo mismo con la geometría: un triángulo es un polígono de tres lados, pero tiene solo dos dimensiones, así que ninguna señal de tráfico, por precisa que sea, es un triángulo. Estas preguntas no empíricas se responden mediante pruebas que parten de definiciones o axiomas, y tampoco son filosóficas.

Solo queda un tipo de preguntas que pueda ser propiamente filosófico: las preguntas no empíricas que no pueden resolverse mediante pruebas derivadas de definiciones o axiomas.

§03 · Una definición de filosofía

La argumentación como única herramienta. Ya estamos en mejor posición para definirla: «la Filosofía es el proyecto de responder rigurosamente a las preguntas que no podemos responder por observación, experimentación ni mediante pruebas que dependan de definiciones o axiomas». Comprobémoslo con un ejemplo: «¿cómo se configura una sociedad justa?» no pide una predicción ni una explicación, sino una justificación. Podemos observar qué hacen las sociedades —eso hacen la sociología o la economía—, pero ninguna nos dirá qué deberían hacer. El único instrumento para resolverlo es la argumentación: un proceso racional que trata de demostrar algo o convencer a alguien.

Dos objeciones. La primera: si no podemos comprobar las respuestas por observación o cálculo, ¿vale cualquier cosa? No: hay argumentos mejores que otros, y los buenos llevan a otros mejores, que nos acercan a la verdad5. La segunda: que la filosofía no produce nada, pues tras más de dos mil años seguimos discutiendo lo mismo. No es del todo así: hemos descartado muchas respuestas que ya no aceptamos, reduciendo los errores, aunque quede un camino interminable. Y su valor depende de tu criterio de valor: si te importa tener respuestas razonadas a preguntas como «¿cómo debo actuar?», entonces la filosofía es valiosa. Su producto son respuestas rigurosas y racionales a preguntas que no podemos responder experimentalmente.

Que la razón y la argumentación sean sus únicas herramientas tiene consecuencias: las respuestas resultan controvertidas y difíciles de comparar, y hasta esta misma definición de filosofía puede discutirse con buenos argumentos —lo cual, lejos de ser un problema, es una oportunidad para afinarla; y, fíjate, discutir qué es la filosofía es, en sí mismo, filosofar—. Los filósofos lo discutimos todo, todo el tiempo6, pero con la actitud correcta: no negar por sistema ni oponerse de forma caprichosa, sino movernos siempre en el terreno de las razones. Filosofar es difícil, porque no podemos recurrir a la observación ni al cálculo para verificar nuestras afirmaciones: no nos queda más que pensar. Pensar es algo para lo que todos estamos capacitados, pero que exige aprendizaje y mucha práctica, como cualquier deporte. En este curso trataré de darte las herramientas mínimas; hacer la práctica estará en tu mano.


  1. O, como dice el refrán, «los niños y los borrachos siempre dicen la verdad», cosa manifiestamente falsa, pero que sirve para unir a los dos tipos de personas de los que hablamos: la inmadurez de aquellos y la desinhibición de estos les quitan los filtros que a los demás nos hacen mentir por interés o por vergüenza.↩︎

  2. Se trata de mantener una «mente de principiante», como la llaman el budismo zen y las artes marciales orientales: una invitación a no creerse demasiado las ideas propias, pues «en la mente del principiante hay muchas posibilidades; en la del experto, pocas».↩︎

  3. Más adelante exploraremos esa conexión entre decir la verdad y la ausencia de pudor (§18); por ahora, quédate con dos filósofos de la Grecia antigua, Sócrates (470 a. e. c.-399 a. e. c.) y Diógenes de Sinope el Cínico (h. 412 a. e. c.-323 a. e. c.), que desafiaron las convenciones sociales de su tiempo.↩︎

  4. Que sea divisible solo por \(1\) y por sí mismo.↩︎

  5. Un ejemplo clásico sobre la existencia y la naturaleza de Dios: si Dios es omnipotente, omnisciente y bueno, ¿cómo hay mal en el mundo? O no puede evitarlo —y no sería omnipotente—, o no se percata —y no sería omnisciente—, o, pudiendo, no lo hace —y no sería bueno—.↩︎

  6. Un chiste habitual entre filósofos: si preguntas por la definición de filosofía a diez filósofos, obtendrás once respuestas distintas… como poco.↩︎