Tema 19 · Unidad y pluralidad
Solo queda ya un relato del camino: que es. En él hay muchísimas señales de que lo que es es ingénito e imperecedero, entero, único, inmóvil y sin término. Ni fue nunca ni será, puesto que es ahora, todo junto, uno, continuo.
—Parménides de Elea, fragmento B8, 1-6 (Diels-Kranz) · traducción de Claude, del griego
La guerra es padre de todas las cosas y rey de todas: a unos los mostró dioses, a otros hombres; a unos los hizo esclavos, a otros libres.
—Heráclito de Éfeso, fragmento B53 (Diels-Kranz) · traducción de Claude, del griego
Cuando hablamos de la realidad, damos a entender que esta es unitaria, pero no todos los filósofos estarían de acuerdo con esta posición.
§72 · Monismo, pluralismo y constructivismo
Cuando al hablar de la antropología tratamos el tema «Concepciones filosóficas del ser humano: filosofía de la mente» y, en particular, el problema cuerpo-mente, ya vimos que existen diferentes formas de explicar la relación entre estos dos elementos. Como los seres humanos somos parte de la realidad y, desde nuestra perspectiva humana, el problema más importante, no es de extrañar que existan posiciones similares sobre la naturaleza de la realidad y sobre la naturaleza humana. Las más comunes son las siguientes.
El realismo ingenuo. Consiste en creer que la realidad es tal y como la vemos (§54). A estas alturas ya sabrás que es una posición antifilosófica.
El monismo. Es la doctrina que cree que la realidad es una sola y está compuesta por una única sustancia.
- El monismo materialista cree que la realidad está formada solo por materia y que todo lo que hay puede explicarse con arreglo a las leyes de la física.
- El monismo idealista, por el contrario, cree que la sustancia única de la que está hecha la realidad es mental, por lo que todo lo que existe es de naturaleza espiritual.
- El monismo neutral considera que la realidad está constituida por algo distinto de la materia y el espíritu que da origen a ambos.
El pluralismo. Es una doctrina que establece que hay varias sustancias en el fundamento de la realidad, tales como la materia física, los estados mentales, los conceptos abstractos y las entidades espirituales.
El dualismo. Es un caso particular de pluralismo, según el cual la pluralidad de sustancias se reduce a dos tipos: mente y materia. Ya lo vimos a fondo al tratar las concepciones del ser humano (§31): el dualismo cartesiano separa una sustancia pensante de otra extensa, y el dualismo idealista hace de la materia un producto del espíritu.
El constructivismo metafísico. Afirma que creamos la realidad gracias a nuestra mente. Lo llamamos así —metafísico— porque es una tesis sobre lo que hay, y no sobre cómo conocemos: no lo confundas con el constructivismo epistemológico que viste al tratar las teorías de la verdad (§48), que sostiene algo bastante más modesto, a saber, que nuestro conocimiento está socialmente construido. Se diferencia del dualismo idealista en que no hay un espíritu absoluto que constituya la realidad, sino que cada mente individual crea su propia realidad. Así, no se trata de que haya una o varias sustancias de distinta naturaleza tras la realidad, sino que hay tantas realidades como personas o perspectivas. Así, la realidad —más que la materia— es una construcción de nuestra mente; la percepción participa activamente en nuestra organización e interpretación de la realidad; la cultura y la experiencia configuran nuestra concepción del mundo y perspectiva de la realidad1; y el conocimiento es siempre contingente, ya que no hay nada necesario en la realidad que podamos conocer objetivamente.
§73 · Las clases naturales y las categorías del ser
Las clases naturales. Los seres humanos clasificamos las cosas en varias clases y a menudo suponemos que las clases en que ordenamos las cosas poseen cierta unidad o consistencia interna. No vemos el mundo como una amalgama2, sino como compuesto por cosas separadas que identificamos y que consideramos lo suficientemente similares a otras como para entender que son parte de una categoría. Si miras un árbol, no lo confundes con el suelo o con el cielo, lo ves como algo distinto y separado, perteneciente a la categoría «árbol».
A pesar de que los conjuntos pueden contener cualquier grupo de individuos o cosas que queramos, la mayor parte de las categorías en las que agrupamos las cosas son naturales. Podemos imaginar un grupo con todos los perros que existen menos uno. O con todos los perros y un gato. Pero nadie consideraría eso una clase. Aceptamos fácilmente, sin embargo, que todos los perros, por un lado, o todos los gatos, por otro, conforman una clase natural. Cuando decimos que los perros son una clase y que todo lo que no es un perro es parte de otra clase, la de los no-perros, nos parece que estamos describiendo la naturaleza, señalando una distinción que existe en el universo.
Razonablemente, podemos pensar que la «naturalidad» de esta clase es artificial, hecha por nosotros y, por lo tanto, no-natural. Sería un pensamiento resultado de una actitud muy filosófica que se cargaría el problema de las categorías naturales del ser que estamos tratando y lo dejaría en simples categorías. Nadie niega que clasifiquemos los objetos de la realidad en categorías, tan solo se discute qué categorías utilizamos y de qué tipo son. Así que para seguir discutiendo el problema tradicional de las categorías de ser, mantendremos nuestra exploración de las categorías naturales.
Clases de clases. Algunas de las clases en las que clasificamos las cosas son más amplias que otras3: todos los perros son animales, pero no todos los animales son perros; todos los animales son seres vivos, pero no todos los seres vivos son animales. Animal es más amplio y abstracto que perro y menos que ser vivo.
Y ahí es donde la cosa se pone interesante, porque al subir por esa escalera de abstracción llega un momento en que ya no está claro de qué estamos hablando. De un perro concreto puedes decir dónde está y cuánto pesa. ¿Y de «perro», a secas? ¿Y de «animal»? Esa es la pregunta que viene ahora, y tiene nombre propio desde hace ochocientos años.
§74 · El problema de los universales
Entendemos fácilmente que existen perros individuales. De hecho, es lo único que percibimos: veo este perro o aquel perro, conozco a Coco y a Thor. De lo que no tengo experiencia es de la categoría «perro»; nunca he visto la perruneidad olfateando un árbol o trayendo un palo entre los dientes. ¿Qué tipo de existencia o de ser tiene la categoría «perro»? Por un lado, está claro que la categoría «perro» existe; por otro, está igualmente claro que no es en/de la misma manera que Coco o Thor.
Este es el problema de los universales, clásico en la historia de la metafísica. Ya hemos visto algunas de las propuestas sobre este problema un poco más arriba al tratar el problema de lo real y conocemos las posiciones de Platón y de Aristóteles al respecto.
Los universales. Si existen, son en primer lugar cualidades o atributos de las cosas, como la dureza o la blanqueidad, presentes en todos los miembros de una clase. Así, la dureza está presente en los diamantes y en estos en mayor medida que en el cuarzo. Y tanto la nieve como la leche son blancas, con lo que comparten blanqueidad. Pero ¿qué existencia/ser tienen la dureza o la blanqueidad sin los diamantes o la nieve? Ya sabes que Platón diría que sí.
El problema alcanzó su mayor esplendor durante la Edad Media europea, durante la que los filósofos se dividieron entre realistas y nominalistas.
Los realistas. Sostienen que los universales existen, o que al menos subsisten o «tienen ser». Fíjate en la doctrina platónica. Pero, curiosamente, la posición aristotélica, contraria a la existencia de la forma independiente de la materia y, por lo tanto, de la sustancia, es también realista.
Los nominalistas. Por el contrario, consideraban que los universales no existen, que no subsisten o que no son. La versión extrema de esta posición llegó a afirmar que no existe nada parecido a «ser un perro», que solo existe el nombre perro, el sustantivo, que no era nada más que una flatus vocis, es decir, un soplo de aire. ¿Puedes pensar en algo que sea menos que un soplo de aire?
Los universales y las categorías de ser. A diferencia de sus predecesores medievales, los nominalistas actuales son conscientes de que la oración «el nombre perro» designa un objeto, objeto universal, que no sería un mero soplo de aire, sino algo común a los diversos soplos de aire que utilizamos al hablar de perros.
Para los realistas actuales, los universales son una de las categorías de ser, no una de las innumerables categorías inferiores como «perro» o «animal», sino una de las pocas categorías de orden superior. Ascendiendo por la abstracción de las subcategorías inferiores llegamos a subcategorías de orden superior tales como sustancia4 u objeto material. ¿Cuál crees que sería la categoría de ser de orden supremo?
La pregunta, al final, es siempre la misma: las categorías, los conceptos y las abstracciones, ¿existen en la misma forma en la que existen las cosas, en una forma particular para ellas o no existen?
Y con ella la realidad misma, al menos en nuestra versión.↩︎
Unión o mezcla de cosas de naturaleza contraria o distinta.↩︎
Recuerda cuando hablamos del pensamiento abstracto al tratar las condiciones que hicieron posible la filosofía (§05).↩︎
Recuerda aquí el concepto sustancia de Aristóteles que hemos visto un poco más arriba.↩︎