Tema 12 · El conocimiento y la verdad

Así como la luz se manifiesta a sí misma y manifiesta las tinieblas, así la verdad es norma de sí misma y de lo falso.

—Baruch Spinoza, Ética, II, proposición 43 · traducción de Claude, del latín

Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas que se han desgastado y han perdido su fuerza sensible, monedas que han perdido su efigie y ya no cuentan como monedas, sino como metal.

—Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral · traducción de Claude, del alemán

§46 · El sujeto y el objeto del conocimiento

El conocimiento es algo que las personas tenemos. Somos nosotros quienes realizamos el acto de conocer, y por eso, en cuanto agentes, somos el sujeto del acto cognoscitivo. Aquello que conocemos es, inversamente, el objeto de nuestro conocimiento. Si digo que «ese árbol es verde», yo soy el sujeto que afirma algo sobre el objeto que es el árbol.

El hecho de que se produzcan inevitablemente estos roles en el acto cognoscitivo conlleva cierta complejidad. No podemos conocer de otra manera que como sujetos. Y como sujetos, conocemos según nuestra percepción y nuestras capacidades cognitivas —pensamiento, memoria, razonamiento—, además de nuestras emociones y experiencias. Sería problemático que confundieras tu versión de la realidad con la realidad. Estarías cayendo en el realismo ingenuo: creer que las cosas son tal y como las vemos (§54).

Así, no conocemos las cosas tal y como son, sino que las conocemos como se nos aparecen. Cuando decimos que «el árbol es verde» quizás debiéramos decir más adecuadamente «ese árbol me parece verde» o «ese árbol se me aparece verde». Si habláramos así, marcaríamos la diferencia que hay entre nuestro conocimiento y nuestro discurso —la parte subjetiva de nuestro conocimiento— y el objeto en sí mismo —sin interpretación mía—, que es la parte objetiva.

Por suerte o por desgracia, no podemos acceder al conocimiento del objeto en sí mismo; no somos capaces de conocimiento meramente objetivo. Todo conocimiento es, pues, subjetivo. Veo las cosas de forma única, distinta a cómo las ve el resto y distintas a cómo son, si es que tiene sentido plantear así el problema.

Eso no quiere decir que no podamos intentar acercarnos a un conocimiento más cercano al objeto en sí mismo alejándonos de nuestra subjetividad. Recuerda que no podemos desprendernos de ella totalmente. Pero podemos hacer varias cosas para reducir los extremos más negativos de nuestra subjetividad. Eso trata de hacer la ciencia. Lo que la actitud filosófica nos sugiere es analizar nuestros procesos de conocimiento para tratar de hacernos conscientes sobre todos los factores implicados tanto en la manera en que llegamos al conocimiento como en qué significa conocer y qué es lo que podemos y no podemos conocer. Y cómo. Ese es el objeto de estudio de la epistemología.

§47 · Los grados del conocimiento y la veracidad

Opinión y ocurrencia. Cuando opinamos no estamos seguros ni subjetiva ni objetivamente sobre la verdad de nuestra afirmación. Si digo «en mi opinión, x» o «es mi parecer x», estoy expresando inseguridad de mi convencimiento y de la realidad de «x». Las opiniones tienen una ligera reflexión y comprobación detrás, y debiéramos ser raudos para desecharlas a la luz de evidencias.

Aún hay menor grado de conocimiento en la ocurrencia, que es algo que nos brota en un momento dado, sobre lo que no hemos hecho ninguna clase de prueba ni reflexión. Tantas y tantas veces queremos hacer pasar la ocurrencia por opinión, que merece la pena que nos detengamos ante nuestras afirmaciones para identificar las ocurrencias.

Creencia. La creencia tiene un convencimiento subjetivo pero no suficiente demostración de la verdad (objetiva). Cuando creemos, estamos convencidos de algo que no necesariamente es cierto. Puede serlo, claro, pero no lo hemos confirmado, asegurado o comprobado.

Conocimiento o saber. Cuando decimos «sé x» o «conozco x» estamos realizando una afirmación tanto sobre nuestro convencimiento sobre que «x» es de cierta manera como sobre la verdad de que «x» sea de cierta manera. Saber o conocer hacen referencia a la vez, por lo tanto, a nuestra psicología y a la realidad. Es el grado más alto del conocimiento.

Caracterización de los aspectos subjetivo y objetivo de los diversos grados del conocimiento
Aspecto subjetivo Aspecto objetivo
Opinión Inseguro Inseguro
Creencia Seguro Inseguro
Conocimiento Seguro Seguro

La naturaleza misma del saber hace que sea muy difícil alcanzar conocimiento sobre tantos y tantos objetos y temas. Individualmente es casi imposible. Socialmente, disponemos de la herramienta de la ciencia para tratar de ahondar en el conocimiento objetivo y en las formas de probar su verdad. Por eso sobre tantas y tantas cuestiones no podemos sostener más que meras opiniones. Quizás en algunos casos, creencias, pero las creencias tienen la cualidad engañosa de que podemos estar convencidos de falsedades. La actitud filosófica nos exige que tratemos de establecer conocimiento en nuestras ideas, y no creencias u opiniones.

Hay otra cuestión que quiero apuntar sobre las palabras que utilizamos para hablar sobre el conocimiento y cómo lo comunicamos.

La intención también cuenta. Cuando tratamos de comunicar estos conocimientos, hemos de tener en cuenta un factor adicional: la intención del hablante. Una vez tenemos una opinión, una creencia o un conocimiento en nuestra cabeza, podemos declararlo tal y como lo entendemos, o decir algo distinto. Si es por equivocación no lo trataremos ahora. Pero si es con intención de engañar, entonces debemos ponerle nombre al fenómeno. Existen varias situaciones distintas al respecto:

  • Cuando conozco un hecho verdadero y doy un dato falso, estoy engañando, siendo un falsario o mintiendo. Si sé que el Everest mide 8848 m y digo que el Everest mide 10 000 m, miento. Además, digo una falsedad o doy un dato falso.
  • Cuando estoy convencido de que algo es verdadero, lo es y lo digo tal y como lo conozco, estoy siendo veraz. Si sé que el Everest mide 8848 m y digo que el Everest mide 8848 m, estoy siendo veraz.
  • Cuando estoy convencido de que algo es verdadero pero en realidad no lo es, digo una falsedad, pero no estoy mintiendo. Si no veraz, al menos estoy siendo honesto. Si estoy convencido de que el Everest mide 10 000 m porque lo he leído en una fuente seria, porque me lo ha dicho alguien de confianza o porque en mi cabeza he confundido el número; y digo que el Everest mide 10 000 m, estoy diciendo una falsedad o dando un dato falso, pero no estoy mintiendo, sino siendo veraz u honesto.
  • Cuando desconozco un hecho o estoy convencido de un dato falso pero doy un dato verdadero de casualidad con la intención de engañar, estoy mintiendo pero diciendo la verdad a la vez. Para esto no conozco un nombre apropiado. Es decir, si estoy convencido de que el Everest mide 10 000 m y digo a alguien que mide 8848 m, estaré dando lo que creo que es un dato falso, adrede, por lo que estaré mintiendo o engañando, pero a la vez diciendo la verdad, porque esa es la altura de dicho monte.

§48 · Teorías de la verdad

Si algo tiene que estar claro incluso para los filósofos más suspicaces y escépticos es que si algo es verdadero, es verdadero y que si no lo es, será falso, ¿no? A fin de cuentas, ya lo decía Aristóteles en su Metafísica (IV, 7):

Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, eso es falso; decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero.

—Aristóteles, Metafísica (IV, 7)

Este principio está en la base de nuestra concepción cultural de la verdad y nos parece intuitivo, pero no está exento de problemas, por lo que han surgido varias perspectivas o teorías posibles sobre la verdad, tanto en lo que respecta a su definición —¿qué es la verdad?— como a los criterios que nos permiten establecer cómo se alcanza. A continuación exploraremos algunas de las más influyentes en la Historia.

La verdad como correspondencia

Aristóteles (384 a. e. c.-322 a. e. c.). El principal proponente de que la verdad consiste en la correspondencia entre una proposición o afirmación sobre la realidad y la realidad objetiva fue Aristóteles, como acabamos de ver. Según esta forma de ver la verdad, se produce una adecuación, un ajuste o un encaje entre lo que la proposición dice y lo que la realidad es —el estado de las cosas—.

Si decimos «llueve», y resulta que está cayendo agua de la atmósfera, nuestra proposición será verdadera. Si no está cayendo agua de la atmósfera, nuestra proposición será falsa.

Tomás de Aquino (1225-1274) fue uno de los más potentes pensadores medievales, cristiano, y adaptó su concepción de la verdad a su religión. Consideraba que la verdad que hallamos en el lenguaje y el pensamiento humanos se correspondía con la verdad que existe en la mente de Dios, es decir, que la verdad es divina.

Bertrand Russell (1872-1970) profundiza en la posición aristotélica. La verdad consiste en representar adecuadamente la realidad exterior, que es objetiva y que existe con independencia de nuestras creencias y de nuestra percepción. Realizó un gran trabajo en el campo de la lógica para tratar de mostrar qué relación hay entre el lenguaje y su representación del mundo. Según Russell, la verdad lo es con independencia de quién la diga; o sea, que si una afirmación sobre el estado de cosas del mundo es verdadera, no importa cuáles sean el resto de nuestras creencias, que seguirá siendo verdadera.

Crítica. Con todas estas posibilidades habremos establecido el criterio de la verdad, pero seguimos teniendo un enorme problema: ¿cómo podemos comprobar que, efectivamente, lo que nuestras proposiciones dicen se corresponde con el estado de las cosas del mundo? Si dije que llovía, ¿sé diferenciar entre que llueva o que alguien esté regando delante de mi ventana, si solo puedo mirar al exterior por ella? Si dijera que el Pagasarri mide 671 m y no tengo un altímetro o los conocimientos trigonométricos necesarios para comprobarlo, ¿cómo sabré si es cierto o no? Imagina en qué situación queda la posibilidad de atribuir valor de verdad a todas las proposiciones que digamos sobre las cosas que no podemos, siquiera, ver.

La verdad como coherencia

Los coherentistas consideran que una proposición es verdadera si encaja con otras proposiciones de un sistema, es decir, si es coherente con ellas.

La proposición \(3 + 5 = 8\) es cierta no porque diga algo sobre el estado de cosas del mundo, sino porque es coherente con el conjunto de reglas matemáticas que hemos creado. Las matemáticas forman un sistema de axiomas y proposiciones, entre las cuales está \(3 + 5 = 8\). Si no supiéramos lo que es un número, el signo de suma o el de igual, la proposición no tendría sentido ni sería verdadera; lo es porque hemos definido todos esos términos de cierta manera interrelacionada. Y resulta que \(3 + 5 = 8\) es coherente en ese sistema de reglas.

Fueron filósofos coherentistas Immanuel Kant (1724-1804) y G. W. F. Hegel (1770-1831), entre otros. Y no solo idealistas: en el siglo XX, los positivistas lógicos del Círculo de Viena volvieron a la idea, porque a la realidad sin describir no hay manera de asomarse: un enunciado solo puede compararse con otros1.

Crítica. ¿Y si hay más de un sistema coherente? Se plantea con un ejemplo incómodo: «Jane Austen murió en su cama» y «Jane Austen murió ahorcada por asesinato» encajan cada una en un relato coherente, y solo una de las dos es verdadera. El coherentista tiene entonces que decirnos cuál es el sistema bueno, y en cuanto lo hace apela a algo que ya no es la coherencia2.

La verdad como utilidad: el pragmatismo

William James (1842-1910), Charles Peirce (1839-1914) y John Dewey (1859-1952) fueron filósofos pragmatistas. Su máxima es la siguiente:

Nuestra entera concepción de un objeto cualquiera es nuestra concepción de todos sus efectos prácticos concebibles3.

Es decir, que conciben los objetos no como cosas sino como conjuntos de efectos prácticos. En una definición no pragmatista o tradicional, diríamos que un martillo es un objeto con una serie de características o atributos: es metálico, con un mango de madera que sirve para clavar clavos. La definición pragmatista comenzaría por el final: a un martillo lo definen el conjunto de usos, funciones y contextos. Debe, además, ser efectivo. Así, sus características no son relevantes, tan solo lo es su uso y su propósito en el contexto de las actividades humanas.

Así, una creencia será verdadera con arreglo a sus consecuencias prácticas y a resultados positivos y beneficiosos en situaciones de la vida real. Como quiera que en distintos contextos y situaciones lo que resulte práctico, positivo y beneficioso podrá ser distinto, la verdad variará en la misma medida. Por lo tanto, la verdad es útil y dinámica, no abstracta e inmutable.

Crítica. Russell otra vez, contra James: si creer algo me sienta bien, ¿queda por eso convertido en verdadero? Creer en Papá Noel alegra una infancia entera, y Papá Noel no existe. La objeción separa lo que el pragmatismo había juntado: que una creencia funcione y que sea verdadera. Peirce lo había blindado por otro lado: verdadera es la opinión en la que acabaría por coincidir cualquiera que investigara lo suficiente4.

La verdad como construcción social

El constructivismo epistemológico —lo llamamos así porque es una tesis sobre el conocimiento, no sobre lo que hay (§72)— considera que el conocimiento humano está socialmente construido, que no es el resultado del conocimiento directo y objetivo de la realidad exterior. Percibimos y pensamos desde categorías sociales y culturales. El mundo es un conjunto de realidades independientes de nosotros, a las que no tenemos acceso directo; nosotros habitamos en modelos de explicación de ese mundo que tienen dinámicas propias, en mundos propios o, a lo sumo, culturalmente compartidos. Incluso la ciencia no es más que un conjunto de creaciones humanas que utilizamos para interpretar el mundo, en lugar de un descubrimiento de hechos objetivos. Eso sí, la construcción es activa y dinámica, es decir, que participamos en ella y es cambiante.

Berger y Luckmann. La tesis tiene libro y fecha: en 1966 los sociólogos Peter L. Berger (1929-2017) y Thomas Luckmann (1927-2016) publicaron La construcción social de la realidad, donde sostienen que lo que «todo el mundo sabe» se fabrica, se transmite y se sostiene igual que cualquier otra institución5.

Los constructivistas consideran que vemos el mundo con gafas con cristales de colores, no con cristales transparentes. Y el color del cristal de nuestras gafas lo determinan nuestra socialización, nuestra cultura y nuestras experiencias personales.

En el fondo, se trata de un relativismo epistemológico, ya que los distintos individuos o las distintas culturas tienen formas diferentes de percibir, interpretar y construir sus mundos, en los que habitan. Si llevamos esta idea a su extremo, veremos cada forma de ver el mundo como tan válida como las demás, ya que se explica por sus propias circunstancias particulares. Así que la verdad dependerá de las categorías socialmente construidas con las que consideremos los hechos.

Crítica. La objeción es tan vieja como Platón (427-347 a. e. c.), que se la hizo a Protágoras: si toda verdad depende de las categorías de quien la sostiene, ¿de qué depende esta? O vale para todos, y entonces hay una verdad que no está construida; o vale solo para quien la afirma, y entonces el constructivista no discute contigo, solo te cuenta cómo ve él las cosas6.

El pluralismo

Todas las teorías que hemos visto hasta ahora conciben la verdad de forma unívoca: se corresponde con la realidad, con un conjunto previo de proposiciones, resulta práctica o es el ambiente social que nos envuelve, pero en todos los casos uno puede acceder a una versión determinada de la verdad.

El pluralismo propone la existencia de diversos criterios de verdad para diferentes ámbitos de la realidad. No podemos mantener el mismo criterio de verdad para la ciencia que para la moral o el arte. Cada uno de estos y otros ámbitos pueden tener sus propios criterios de verdad sin interferir ni entrar en contradicción con los otros. Por lo tanto, la verdad tiene múltiples facetas y depende del contexto.

Crispin Wright. Tiene autor y libro: Crispin Wright (1942-) sostuvo en Truth and Objectivity (1992) que «verdadero» obedece siempre a unas pocas reglas mínimas, y que esas reglas las pueden cumplir propiedades distintas según de qué se hable: correspondencia en física, algo más parecido a la coherencia en matemáticas o en moral.

Crítica. ¿Y qué haces cuando mezclas ámbitos en una sola frase? «Matar inocentes está mal y \(3 + 5 = 8\)» es una conjunción verdadera7, pero ¿verdadera de qué manera, si cada mitad lo es a su modo? Lo mismo en cuanto razonas cruzando ámbitos: si el paso de las premisas a la conclusión conserva la verdad, ¿cuál de las verdades conserva?


  1. La nómina de coherentistas va de Spinoza, Kant, Fichte y Hegel a los idealistas británicos, y de ahí a Hempel y Neurath: Young, J. O. (2026). The Coherence Theory of Truth. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Spring 2026). https://plato.stanford.edu/archives/spr2026/entries/truth-coherence/↩︎

  2. Se la conoce como objeción de especificación, y es de Bertrand Russell (1907). El ejemplo que usa Russell es el del obispo Stubbs; el de Jane Austen lo formula así Young (2025), ya citado.↩︎

  3. La máxima es de Peirce y se publicó en «Cómo esclarecer nuestras ideas» (Popular Science Monthly, 12, enero de 1878), que está en dominio público. En el original: «Consider what effects, which might conceivably have practical bearings, we conceive the object of our conception to have. Then, our conception of these effects is the whole of our conception of the object».↩︎

  4. Legg, C. y Hookway, C. (2024). Pragmatism. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Winter 2024). https://plato.stanford.edu/archives/win2024/entries/pragmatism/↩︎

  5. Berger, P. L. y Luckmann, T. (1966). The Social Construction of Reality: A Treatise in the Sociology of Knowledge. Doubleday. Quien llevó después esa pregunta al laboratorio fue el llamado programa fuerte de la sociología del conocimiento, de Barry Barnes y David Bloor, en Edimburgo.↩︎

  6. El argumento está en Platón, Teeteto, 171a-c, contra Protágoras, y se le llama peritrope, «vuelta del argumento». Su forma actual, en Baghramian, M. y Carter, J. A. (2025). Relativism. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Spring 2025). https://plato.stanford.edu/archives/spr2025/entries/relativism/↩︎

  7. Wright, C. (1992). Truth and Objectivity. Harvard University Press; y Lynch, M. P. (2009). Truth as One and Many. Oxford University Press. Los problemas de los compuestos y las inferencias mixtos, en Pedersen, N. J. L. L. y Wright, C. (2023). Pluralist Theories of Truth. En E. N. Zalta y U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Fall 2023). https://plato.stanford.edu/archives/fall2023/entries/truth-pluralist/↩︎