Lectura · Aristóteles y el término medio
La ficha. Aristóteles (384-322 a. e. c.) no escribió la Ética a Nicómaco para el público: son los materiales de sus clases en el Liceo, y se nota en lo apretado de la prosa, que no explica dos veces nada1. El pasaje que sigue es el corazón del libro II y contiene la definición de virtud que la tradición repetirá durante dos mil años, casi siempre a medias. Ya has visto la doctrina explicada (§96); aquí la lees dicha por él, con las cautelas que la explicación suele perder por el camino.
La traducción. Es propia y directa del griego, hecha para este manual sobre el texto fijado por Ingram Bywater2, que es la edición crítica de referencia; se publica bajo la misma licencia que el resto del libro. Sí hay una versión castellana libre de derechos, la que Patricio de Azcárate publicó en 1873 dentro de sus Obras de Aristóteles; pero su castellano es el de hace siglo y medio, y en un texto tan apretado como este cada palabra envejecida cuesta un párrafo de explicación. Las versiones modernas siguen protegidas. Los corchetes […] marcan lo omitido.
En todo lo que es continuo y divisible se puede tomar una parte mayor, una menor y una igual, y eso o bien respecto de la cosa misma o bien respecto de nosotros; y lo igual es un término medio entre el exceso y el defecto. Llamo medio de la cosa a lo que dista lo mismo de cada uno de los dos extremos, que es uno y el mismo para todos; y medio respecto de nosotros, a lo que ni sobra ni falta, que no es uno solo ni el mismo para todos. Por ejemplo: si diez es mucho y dos es poco, se toma el seis como medio de la cosa, porque excede y es excedido en la misma cantidad; ese es el medio según la proporción aritmética.
Pero el medio respecto de nosotros no hay que tomarlo así. Porque si para alguien comer diez minas es mucho y dos es poco, el entrenador no le va a recetar seis: puede que también eso sea mucho o poco para el que lo tome, ya que para Milón sería poco y para el que empieza a entrenar, mucho. Y lo mismo con la carrera y con la lucha. Así, todo el que entiende de algo huye del exceso y del defecto, y busca y elige el medio; pero no el medio de la cosa, sino el medio respecto de nosotros.
Si toda técnica hace bien su trabajo mirando al medio y llevando a él sus obras —de ahí que de las obras bien hechas se suela decir que no se les puede quitar ni añadir nada—, y si la virtud es más exacta y mejor que cualquier técnica, como también lo es la naturaleza, entonces la virtud apuntará al medio. Hablo de la virtud del carácter, porque es la que tiene que ver con las pasiones y con las acciones, y en ellas hay exceso, defecto y término medio. Se puede sentir miedo, confianza, deseo, ira, compasión y, en general, placer y dolor, más de la cuenta y menos de la cuenta, y las dos cosas están mal. Sentirlos cuando hay que sentirlos, ante lo que hay que sentirlos, con quien hay que sentirlos, por lo que hay que sentirlos y como hay que sentirlos: eso es el medio y lo mejor, y eso es lo propio de la virtud. […]
Además, equivocarse se puede de muchas maneras —porque el mal es de lo ilimitado, como suponían los pitagóricos, y el bien de lo limitado—, mientras que acertar solo se puede de una; por eso lo uno es fácil y lo otro difícil: fácil errar el blanco, difícil darle. Y por eso también el exceso y el defecto son propios del vicio, y el término medio, de la virtud: que buenos se es de un solo modo, y malos de todos.
La virtud es, pues, una disposición para elegir, consistente en un término medio respecto de nosotros, determinado por la razón y por aquello con lo que lo determinaría el hombre prudente. Es un medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto; y lo es además porque unos vicios se quedan cortos y otros se pasan de lo debido, tanto en las pasiones como en las acciones, mientras que la virtud encuentra el medio y lo elige. Por eso, en cuanto a su sustancia y a la definición que dice lo que es, la virtud es un término medio; pero en cuanto a lo mejor y a lo bien hecho, es un extremo.
No toda acción ni toda pasión admiten el término medio. Algunas se llaman ya como se llaman llevando la maldad dentro del nombre: la alegría por el mal ajeno, la desvergüenza, la envidia; y entre las acciones, el adulterio, el robo, el asesinato. Todas estas y las de su clase se llaman así porque son malas ellas mismas, y no por sus excesos ni por sus defectos. En ellas, por tanto, no cabe acertar nunca, sino que siempre se yerra; y en cosas así no hay un hacerlo bien o mal según con quién, cuándo y cómo se cometa adulterio, sino que hacer cualquiera de ellas es, sin más, equivocarse. […]
—Aristóteles, Ética a Nicómaco II 6, 1106a-1107a · traducción de Claude, del griego
Ayuda a la lectura. Cinco expresiones del texto que conviene tener claras antes de discutirlo.
- Mesotes. Es la palabra que traducimos por «término medio», y no significa mitad ni promedio: significa el estar en medio, la posición intermedia. El castellano «medio» arrastra la idea de media aritmética, que es justamente la que Aristóteles se pasa media página desmontando.
- Hexis. La «disposición» de la definición. No es un estado de ánimo ni una intención: es cómo estás dispuesto de manera estable, lo que harías por defecto si no lo pensaras. Se traduce a menudo por «hábito», y decir que la virtud es una hexis equivale a decir que se adquiere practicando y no estudiando.
- Proairesis. La elección deliberada, la que haces habiendo sopesado y no de golpe. Que la virtud sea una disposición para elegir significa que el que actúa bien por accidente, por miedo o por costumbre irreflexiva no es todavía virtuoso.
- Las minas. Una mina era una medida de peso de algo menos de medio kilo. Diez minas de comida son unos cuatro kilos y medio; el ejemplo es el de un gimnasio real, y Milón de Crotona era el atleta más famoso de Grecia, célebre por lo que comía.
- Lo ilimitado y lo limitado. Los pitagóricos ordenaban la realidad en pares de opuestos y ponían el bien del lado de lo limitado, lo que tiene forma y medida, y el mal del lado de lo que no la tiene. Aristóteles toma prestada la idea para explicar una asimetría que le interesa: hay una manera de dar en el blanco y muchas de fallarlo. La frase en cursiva con la que remata el párrafo no es suya: es un verso de un poeta al que no nombra.
Medio no es mediocre. Este es el malentendido que hay que despejar antes de discutir nada. El texto no recomienda la tibieza ni quedarse a mitad de camino: dice, con todas las letras, que la virtud es un término medio en cuanto a lo que es y un extremo en cuanto a lo bien hecho. Es decir, que el valiente está en medio entre el cobarde y el temerario, pero no está a medio camino de ser bueno: es lo más bueno que se puede ser en materia de miedo. Quien lea el término medio como una invitación a no exagerar ha leído la mitad de la frase.
El medio se mide, pero no con regla. Fíjate en el trabajo que hace el ejemplo del entrenador. Aristóteles necesita que el medio sea medible —si no, su ética no distingue nada— y a la vez que no sea calculable con una fórmula, porque entonces bastaría un manual y no haría falta ninguna virtud. La solución es el medio «respecto de nosotros», que existe de verdad y es distinto para cada cual. El precio de esa solución es que hace falta alguien capaz de verlo en cada caso, y ese alguien es el hombre prudente de la definición, la phronesis que ya conoces (§100). Ahí es donde muchos lectores se bajan, y con motivo.
Dónde se le acaba la regla. El último párrafo es el más honrado del pasaje y el que más se cita en su contra. Aristóteles reconoce que su criterio no vale para todo: hay acciones que están mal por lo que son, y de las que no existe versión moderada. Es una excepción que salva la teoría de la caricatura, pero le abre otro frente, porque si algunas cosas están mal sin más, la ética de la virtud está admitiendo que hay reglas que no dependen de quién las mire, y esa es la clase de cosa que las éticas del deber dirán que ella no sabe fundamentar. Léelo teniendo delante las objeciones que ya viste (§97).
El trabajo. Las dos primeras preguntas son de comprensión; las dos siguientes te piden analizar cómo está construido el argumento; las dos últimas, llevarlo a otro sitio y mojarte.
- Aristóteles distingue dos términos medios y dice que la virtud está en uno de los dos. Explica la diferencia con el ejemplo del entrenador y di, con el texto, por qué el otro no le sirve.
- El texto enumera las cosas que hay que acertar a la vez para que una pasión esté en su punto. Enuméralas tú y pon un ejemplo tuyo de alguien que acierte en todas menos en una.
- La virtud es a la vez un término medio y un extremo. Explica cómo pueden ser verdad las dos cosas sin contradicción, y qué se pierde exactamente cuando alguien se queda solo con la primera mitad.
- La definición remata diciendo que el medio lo determina la razón «y aquello con lo que lo determinaría el hombre prudente». Formula con toda su fuerza la objeción de que eso es definir la virtud por el virtuoso, y después dale la mejor respuesta que se te ocurra. No hace falta que la respuesta te convenza.
- Elige una de las acciones que, según el texto, no admiten medio, y comprueba el criterio: explica por qué no funciona decir «robar la cantidad justa, a quien toca y cuando toca». Después busca un caso que le ponga las cosas difíciles a Aristóteles y decide si su criterio aguanta.
- La objeción moderna más seria a esta ética no es que se equivoque, sino que no te dice qué hacer (§97). Después de leer el texto, ¿te ha dado Aristóteles una guía para decidir o solo un retrato de quien ya sabe decidir? Toma partido y defiéndelo sobre una decisión concreta que hayas tenido que tomar tú. Dedica al menos una frase a la mejor objeción contra tu propia postura, y no la despaches: contéstala o reconoce que no puedes.
El título viene de un Nicómaco, que era a la vez el nombre de su padre y el de su hijo; no hay acuerdo sobre a cuál de los dos honra. La obra se cita por la paginación de la edición de Bekker (1831), que es la que llevan los números al margen en cualquier edición seria: 1106b es una columna concreta de una página concreta de aquel libro.↩︎
Bywater, I. (ed.). (1890). Aristotelis Ethica Nicomachea. Clarendon Press, colección Oxford Classical Texts.↩︎